miércoles, 22 de noviembre de 2023

A DIOS INTERESA LO QUE HAGAMOS

DE LA VIDA Y DE NUESTROS BIENES.

AMA LA DIGNIDAD DE TODO SER HUMANO QUE HA CREADO


Meditación-Oración de la PALABRA DE DIOS

Fray Federico Allara   O.F.M  

Animación a la lectura PALABRA DE DIOS

5 minutos de nuestro "día a día"


Lc 19,11-28


Parábola del dinero
(Mt 25.14-30)
"11 La gente escuchaba estas cosas que decía Jesús. Y él les contó una parábola, porque ya se encontraba cerca de Jerusalén y ellos pensaban que el reino de Dios estaba a punto de manifestarse. 12 Les dijo: “Un hombre de la nobleza se fue lejos, a otro país, para ser hecho rey y regresar.13 Antes de partir llamó a diez de sus criados, entregó a cada uno una gran suma de dinero y les dijo: ‘Negociad con este dinero hasta que yo vuelva.’ 14 Pero las gentes de su país le odiaban, y enviaron tras él una comisión con el encargo de decir: ‘No queremos que este hombre sea nuestro rey.’
15 “Pero él fue hecho rey. A su vuelta, mandó llamar a aquellos criados a quienes había entregado el dinero, para saber cuánto había ganado cada uno. 16 El primero se presentó y dijo: ‘Señor, tu dinero ha producido diez veces más.’ 17 El rey le contestó: ‘Muy bien, eres un buen administrador. Y como has sido fiel en lo poco, te hago gobernador de diez ciudades.’ 18 Se presentó otro y dijo: ‘Señor, tu dinero ha producido cinco veces más.’ 19 También a este le contestó: ‘Tú serás gobernador de cinco ciudades.’
20 “Pero se presentó otro, que dijo: ‘Señor, aquí está tu dinero. Lo guardé en un pañuelo, 21 pues tuve miedo de ti, porque eres un hombre duro que recoges lo que no pusiste y cosechas donde no sembraste.’ 22 Entonces le dijo el rey: ‘Tú eres un mal administrador, y por tus propias palabras te juzgo. Puesto que sabías que yo soy un hombre duro, que recojo lo que no puse y cosecho donde no sembré, 23 ¿por qué no llevaste mi dinero al banco para, a mi regreso, devolvérmelo junto con los intereses?’ 24 Y ordenó a los que estaban allí: ‘Quitadle el dinero y dádselo al que ganó diez veces más.’ 25 Ellos le dijeron: ‘Señor, ¡pero si este ya tiene diez veces más!’ 26 El rey contestó: ‘Os digo que al que tiene se le dará más; pero al que no tiene, hasta lo poco que tiene se le quitará. 27 Y en cuanto a mis enemigos, a esos que no querían tenerme por rey, traedlos acá y matadlos en mi presencia.’ ”


Empieza el texto del domingo pasado diciendo que, los que le acompañaban pensaban que estaba cercano el tiempo de establecerse el Reino de Dios.

Lo que deseaban no era tanto ver el Reino de Dios sino su poder restaurado.

¡Cuántas veces a lo largo de la Historia el ser humano ha pensado que llegaba el fin, tal vez no el Reino de Dios, pero sí el fin del mundo!

Jesús nos tiene dicho que el fin lo tiene determinado el Padre.

Jesús lo sabía y lo sabe, pero no era cuestión suya decirlo, ni es cuestión nuestra preguntarlo. Lo que de verdad nos ha de preocupar es que Cristo ha venido para decirnos que el Reino de Dios está dentro de nosotros.

De ahí la gravedad de la parábola, para que sus coetáneos entendieran lo que les debía preocupar, que es lo que nos debe preocupar a todos.

En primer lugar, pensar en la situación de los que pasan o niegan a Dios, porque, la distribución de la vida y de los bienes está hecha, y el fin ha de llegar para todos.

Puede que a muchos no les interesa Dios, sin advertir que a Dios sí que le interesa lo que hagamos de la vida y de nuestros bienes, porque ama la dignidad de todo ser humano que ha creado.

La parábola va para todos, pues, repito lo de siempre, lo eterno se conoce, se cree, se ama y se gana o se pierde en el tiempo.

Dios nos ha regalado la vida y nos ha ganado para la eternidad, pero no a cambio de administrar arbitrariamente la vida y los bienes.

No se trata sólo de hacerlos fructificar, porque Dios crea de la nada; pero, una vez creados, los sembrados, entiéndase los acumulados, no sólo no fructifican, sino que mueren sin nacer, como se pierde la vida, si no hemos entendido el amor al prójimo.

Dios resucita al que ama al prójimo, aunque éste no lo conozca, mientras no reconoce a quien, pensando que le sirve con fe, no ama al prójimo amigo o enemigo.

¡Así es de grande y único Dios, siendo Amor!

Tampoco nos debe importar si a uno le ha dado cinco o dos talentos.

Lo que nos debe preocupar es lo que nos ha dado a cada uno; pero, más aún, ver que muchos no tienen nada. Dios no se ha olvidado, sino que lo que les corresponde, alguien lo tiene sembrado, entiéndase acumulado.

¡Cuánto tiempo perdido juzgando la realidad del mundo y a los demás!

Dios no pedirá cuenta de lo que otro ha sembrado o cosechado, sino de lo que cada uno ha recibido desde el don de la vida de bienes materiales y espirituales, en el sentido que son las facultades que nos permiten dar buen fin a la vida, sin olvidar que, a quien ama, esté cerca o lejos de Dios, le da lo que otros han perdido guardándoselo para sí.       

F. Allara





"La distribución de la vida y de los bienes está hecha, 
y el fin ha de llegar para todos"







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