SAMANA SANTA
TRIDUO PASCUAL
Meditación-Oración de la PALABRA DE DIOS
5 minutos en nuestro "día a día"
Es
una reflexión del Triduo Pascual, al que os invito a celebrar como creyentes del único Dios que ha venido a “liberar nuestra libertad” y a
hacernos “hijos suyos en Cristo su Hijo”.
· Toda la semana es “Santa”;
así lo decimos: Lunes Santo, Martes Santo…; son
días en los que debe ser prioritaria la contemplación.
-
Al
decir contemplación, me
refiero a lo que S. Ignacio nos propone al hacer oración: “hacer la composición de lugar”. “Contemplar a Jesús” en
sus hechos celebrados estos días.
Cada
día nos sentamos alrededor de la Mesa del Señor por pura misericordia divina.
- Como creyentes
nos hemos de concienciar de que no somos
los protagonistas ante los actos exclusivos del Amor de Dios.
· La Mesa del Señor no es nuestra,
se nos invita a ella, además con mandato; es decir, como buenos y entendidos creyentes, no usamos la libertad para decidir ir o no ir a Celebrar, sino que libremente vamos agradecidos,
reconociendo que la Mesa del Señor en nada es cosa nuestra.
-
Es el Memorial que libremente acepta el creyente en la
medida que hemos
conocido y creído en el Amor.
El
Pueblo liberado de la esclavitud de Egipto entendió que la misma Ley era de libre cumplimiento, por haber experimentado el Amor de Dios liberándolos.
-
La
Ley era cumplida con amor, recordando el hecho de la liberación
de padres a hijos; resulta curioso, por no decir contradictorio, que
los cumplidores de la Ley celebraran
con amor la Pascua del Señor, su
“paso liberador”.
- Nosotros hemos sido liberados de la
muerte eterna por el Hijo de Dios hecho hombre.
Algunos
“creyentes” piensan que el Memorial de Cristo, muerto y resucitado es
una ley, ante la cual son “libres para decidir” en nombre de una “libertad
no aceptada como liberada”.
· Lo mismo podemos decir del Amor.
Desde el A.T. “Dios Es Amor” en sus hechos y en las palabras
anunciadas por los Profetas.
·
Dios
creó por Amor,
y toda la Historia humana es Historia de Salvación.
Una Historia de Amor de
Dios con el ser humano, creado para ser libremente feliz en medio del mundo y “gozar eternamente siendo en Dios”.
Desde la Encarnación vemos
revelado el Amor Trinitario en la Humanidad de Jesucristo, nacido de María por el Espíritu Santo.
El Amor
tampoco es nuestro, como no lo es Dios-Amor.
Hoy
se educa engañosamente, porque en la medida en que queremos
liberar al ser humano, diciéndole que es autónomo, para que no viva
dependiendo de nadie, ni de Dios, lo
lógico que ve nuestra mente es que “tal
liberación no existe”.
·
Nos
quieren liberar hasta de Dios para caer en su dependencia,
es decir, en una autonomía, que cae bajo el “relativismo absoluto” donde
no existe otra verdad que la que cada uno piensa tener.
Desde este relativismo se
niega la objetividad del amor y la de todo lo que concierne
a la vida del ser humano y entre los humanos.
· No hay objetividad de bien ni de mal,
de lo que es justo de lo que no lo es; por esto deja de tener valor el amor
como la virtud prioritaria de relación humana; así es como se destruye:
a. El mandamiento del amor, como medio de relación de libertad
entre los humanos
y
b. La dignidad objetiva y propia de
todo ser humano.
En
la medida en que los creyentes nos creemos autónomos para decidir sobre Jesús
y sus mandamientos, que son huellas de su Vida como ejemplo,
perdemos la capacidad de conocer la
objetividad del Amor y, como consecuencia, la de no sentir que somos Pueblo de Dios,
cayendo en el relativismo eclesial.
·
No conocido el Amor Divino, no puede
ser creído;
cuando es el que Dios nos da y
tenemos cada uno.
Este
relativismo hace caer el significado profundo del vaciamiento de Cristo instituyendo la Eucaristía como acto de Amor que
perpetúa su Muerte y su Resurrección hasta que vuelva, y el sentido de Pueblo sacerdotal y de un sacerdocio
a su imagen al servicio de su Pueblo.
· ¿Qué valor tiene la celebración de la
Pasión y Muerte de Jesús en Viernes Santo?
-
Sólo
la fe permite no caer en un sentimentalismo, como el de las
mujeres viendo pasar a Jesús camino del Calvario, a las que Jesús dijo que “no lloraran por Él sino por sus hijos”
· Los tres días Santos son una unidad
desde el Amor Trinitario.
·
La
Cruz es signo de un Amor más fuerte que la muerte.
·
La
contemplación de la Vida de Jesús crucificado, y
el hecho de ser traspasado su Cuerpo
muerto por la lanza del soldado convirtió a un ladrón y al centurión,
que con la lanza llegó al Corazón de Jesús, de donde salió el signo profundo de
la Sangre y del Agua; signo que revivimos en la
Eucaristía cuando juntamos el vino con la gota de agua.
La
fe en el Amor Revelado, revivido en las celebraciones del Jueves Santo y Viernes Santo, nos permite esperar el Sábado Santo, en
su silencio, la Eucaristía de la
Vigilia Pascual, donde todo renace desde la Resurrección Cristo.
· Cristo Resucitado es la Verdad del Amor triunfante sobre nuestra condición
humana.
Estamos llamados a
ser hombres y mujeres nuevos, donde la relación es la del
Amor conocido, creído y amado.
-
Este Amor es el que hace nuevas las familias, las relaciones humanas, las de las
naciones; este Amor no entiende de guerras ni de violencias, odios y venganzas.
-
Este Amor sólo sabe amar y perdonar y hacer nuevo el
mundo.
-
No olvidemos que “creer en Dios es creer en el Amor de
Dios”, porque la Luz del Espíritu
nos permite ver y tocar desde la fe al Dios-Amor.
· Cristo Resucitado es la Verdad del Amor triunfante sobre nuestra condición humana.
-
Estamos llamados a
ser hombres y mujeres nuevos, donde la relación es la del
Amor conocido, creído y amado.
Dejemos todo relativismo, y el sentido negativo de una autonomía
que destruye el Camino de la Verdad para
andar por senderos subjetivos, que nos privan de poder llegar a momentos
últimos de la vida humana donde no hay relativismos, sino el ser humano frente
a su propia vida desde donde, volviendo la vista atrás, puede ser el momento en que se decida aceptar la Verdad por encima de las propias
verdades relativas, que nos privan
de encontrarnos con nuestra propia vida real, sin relativismos.
· Dios es compasivo
y misericordioso para amarnos a todos, lleguemos como lleguemos, si aceptamos, aunque sea en última
instancia, que la Verdad ha existido
desde la eternidad y que se nos ha Revelado.
· Dios
Padre nos espera,
y envió a su Hijo para salvarnos de
nuestra condición humana, y sus dificultades, para vencer todo relativismo y el de nuestras pobrezas.
·
Aprovechemos estos días Santos para vivir juntos la fe en
el Dios-Amor, amándonos, perdonándonos y ayudándonos mutuamente a
superar el “yo”, desde la verdad de ser nosotros, unidos, creyentes y testigos del Amor que hemos conocido, el Amor de
Dios amando nuestras vidas.
Federico Allara
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