BIENAVENTURADOS ...
¡ALEGRAOS, ESTAD CONTENTOS...!
Meditación-Oración PALABRA DE DIOS
5 minutos en nuestro "día a día"
Mateo 5,1-125 SERMÓN DEL MONTE (5–7) 1 Al ver la multitud, Jesús subió al monte y se sentó. Sus discípulos se le acercaron, 2 y él comenzó a enseñarles diciendo: La dicha verdadera ("Bienaventuranzas") (Lc 6.20-23) 3 “Dichosos los que reconocen su pobreza espiritual, porque suyo es el reino de los cielos. 4 “Dichosos los que sufren, porque serán consolados. 5 “Dichosos los humildes, porque heredarán la tierra que Dios les ha prometido. 6 “Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán satisfechos. 7 “Dichosos los compasivos, porque Dios tendrá compasión de ellos. 8 “Dichosos los de corazón limpio, porque verán a Dios. 9 “Dichosos los que trabajan por la paz, porque Dios los llamará hijos suyos. 10 “Dichosos los perseguidos por hacer lo que es justo, porque suyo es el reino de los cielos. 11 “Dichosos vosotros, cuando la gente os insulte y os maltrate, y cuando por causa mía digan contra vosotros toda clase de mentiras. 12 ¡Alegraos, estad contentos, porque en el cielo tenéis preparada una gran recompensa! Así persiguieron también a los profetas que vivieron antes que vosotros. |
DÍA 1 NOVIEMBRE CICLO A
La
palabra “CIELO” se presta a muchos discernimientos, y desde
nuestro mundo, piensa que es inútil perder el tiempo pensar en cielos.
-
No está en nosotros llegar
a saber con certeza y evidencia si verdaderamente hay Cielo, ni qué es y
cómo es.
¿Quién nos da la respuesta?
· Cristo,
Jesús de Nazaret, con su Vida, Muerte y Resurrección, por la experiencia de
los testigos que vieron, tocaron
y comieron con el Crucificado
Resucitado.
¿Por
qué Cristo?
- Porque
su Vida es Revelación para creer
que, más allá de la vida y de la muerte, la vida humana y su dignidad, creada por Dios de forma singular, está destinada al CIELO, “con esperanza
cierta”, para
todos y cada uno, en la medida de vivir y seguir, con fe, a Cristo.
- La misma Revelación bíblica es
un proceso de pensamiento que culmina en Cristo.
- La fe en la Resurrección de
los muertos no
la entendían,
ni sus mismos discípulos, cuando Jesús
les hablaba de su muerte y de que había de Resucitar; es también nuestro
proceso.
·
El hecho de CRISTO RESUCITADO es el eje
de la fe.
- No es suficiente,
para nuestra vida, aceptar el dogma
de la Resurrección para vivir, desde una “verdadera conversión”, “capaces de dar la vida” por la gratuidad de aceptar la fe.
- No
nos asuste la afirmación de “ser
capaces de dar la vida”, porque la vida la damos todos al morir.
- Es
bueno preguntarnos: ¿A quién le damos la vida? O,
si la muerte es el final.
“Estos que están vestidos con vestiduras blancas, ¿quiénes son y de dónde
han venido?”
- ¡Señor
mío, tú lo sabes!
“Estos son los que vienen de la gran tribulación: han lavado
y blanqueado sus vestiduras en la Sangre del Cordero” (Ap.
7,13-14).
·
La
verdadera conversión, desde la fe, es creer que la vida la damos a Dios, amando al prójimo, sin temor a darla
ya en vida, creyendo que la Sangre de Cristo, “blanquea”.
Mt. 5,1-12
Fijémonos
en el comienzo del texto Evangélico:
“Al ver Jesús el
gentío…”
· Jesús llega al Monte, que hoy conocemos como lugar de las
Bienaventuranzas, y ve que hay un
gentío, y sube al Monte para encontrarse con ellos.
- El gran gentío lo forman personas que no
tenía con qué comer; Jesús les
había dado de comer, en la primera multiplicación de los panes.
- Se
sentó, y se acercaron sus discípulos, porque ellos eran los primeros que debían comprender sus enseñanzas.
Y abriendo su boca, les enseñaba diciendo:
“Bienaventurados los
pobres en el espíritu, de ellos es el reino de los cielos”
Este gentío, que necesitaba pan y justicia, escucha
de Jesús sus palabras, que en un primer momento parecen decir “conformaos en permanecer pobres”.
- Esta gente, que verdaderamente pasaba hambre, tenía
que reconocer mucho amor en las palabras de Jesús para decidir seguirle,
aunque fuera esperando pan, sin
ver el “signo” al no tener capacidad para entender esta
primera bienaventuranza; no
lo entendían ni sus discípulos.
·
¿Nosotros, entendemos esta Bienaventuranza?
- Venimos
a la Eucaristía porque recibimos el PAN DEL CIELO.
· ¿Creemos en el “signo” y la realidad del
Misterio de Amor, que es la Eucaristía?
· ¿Vivimos el signo testimonial de ser Comunidad que se ama y celebra la
Fe?
S. Mateo resalta la pobreza espiritual.
- Tenemos que tener “experiencia de vida espiritual“ para conocer, entender, creer y amar la pobreza, aceptar la
trascendencia de la sabiduría del pobre y poder hacer opción de
ella.
No se trata sólo de entenderlo espiritualmente, si vivimos con más de lo que necesitamos, sin justificar medidas de
sutileza, pensando que todo depende de la situación de cada uno; porque quien
más “tiene”, más cree que necesita para vivir-.
- No caigamos en un “fariseísmo espiritual”, que no es el camino de las bienaventuranzas.
·
La “pobreza espiritual” la vivimos
cuando aceptamos la realidad de la
vida, en los “momentos que son irreversibles”, y
cuando “libremente hacemos opción de ella”.
-
La vida vivida en pobreza espiritual se
apoya en la fe, en el amor y “en la esperanza cierta” de
estar en el camino de los bienaventurados.
· La “pobreza espiritual” es un “estado
de vida espiritual”, que
supera las exigencias de justicia, a la que tiene derecho.
- Francisco
de Asís, optando por ser pobre como Jesús, vivió la pobreza material y espiritual,
sin preocuparse de los derechos que podía tener.
· Desde la pobreza, “verdaderamente espiritual”, somos capaces de entender lo que la mente,
y también el
corazón, es
incapaz de entender: amar, perdonar, sufrir… y el “signo” de poder ser bienaventurados en esta vida.
-
El deseo del Cielo no es sólo la medida de dejar esta vida humana terrena, sino la experiencia
de Dios en esta vida, que
hace que deseemos vivirla
en su plenitud, desde la “sabiduría de ser pobre”.
- ¡Bienaventurados si somos capaces de entender
la Vida de Jesús, bienaventurado!
Federico Allara
(Clic en la imagen)
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