"PAZ A VOSOTROS"
Meditación-Ora PALABRA DE DIOS
PALABRA DE DIOS
5 minutos en nuestro "día a día"
Juan 20,19-31
DÍA 12 ABRIL CICLO A
II DOMINGO DE PASCUA
Algunos
preguntan ¿por qué hoy no se dan los prodigios
del principio del cristianismo?
· Lucas
es quien,
después de escribir su Evangelio, como médico y buen recogedor de apuntes verbales
de los testigos cristianos conocidos, decide redactar los Hechos de los Apóstoles, la realidad de la Iglesia
apostólica, la Iglesia que vive “de los testigos directos de la Vida de Jesús,
conducida por el Espíritu Santo”.
El
texto de los hechos de los Apóstoles comienza con cuatro afirmaciones que dan
respuesta a la primera pregunta:
-
Los
hermanos perseveraban en la enseñanza
de los apóstoles.
-
En
la comunión
-
En
la fracción del pan y en las oraciones
Los creyentes vivían todos unidos y tenían todo en común.
- Hoy el cristianismo está formado por millones
de bautizados
y no todos formamos la Iglesia plural de Cristo, sino que
muchos no saben la trascendencia de lo
que significa vivir como bautizados
y otros, involuntariamente, viven
sin los conocimientos esenciales del Credo de la fe.
A
pesar de todo, donde hay singularidades y comunidades, que viven las
cuatro condiciones dichas, y perseveran
en la escucha del Espíritu Santo, los prodigios son los mismos; y no me refiero sólo a los
Santos de cada tiempo, sino que, también
hoy, bautizados de toda raza, edad y condición, y dentro de cada opción
de vida religiosa, sacerdotal, matrimonial y laical son testigos de Cristo
en medio de la realidad del mundo, autores y “actores” de prodigios. Nos preguntamos:
· ¿Quién conoce y quién desea conocer la
vida de la Iglesia
en su verdad?
· ¿Quién entiende la fraternidad
cristiana entre los bautizados?
· ¿De quién somos hermanos?
· ¿Quién trabaja por el bien y la
unidad de la Iglesia una y universal?; ello es trabajar por el bien de la Humanidad.
En
el Cenáculo,
la casa que pidió Jesús a sus discípulos que preparan la Cena pascual, fue la “Cena de despedida de Jesús y la
celebración adelantada de su propia Pascua”.
“Estaban los
discípulos con las puertas cerradas por miedo a los judíos”
· Jesús
se puso en medio y les dijo: “Paz a vosotros”
·
Jesús vino a establecer la PAZ; sí, en mayúscula.
- PAZ que convive con guerras, violencias e injusticias;
situaciones que causan miedo.
-
PAZ para ser vivida en medio del mundo.
- PAZ que vence el temor y hace
crecer en amor y en defensa de la Verdad.
Cuando se unen las dos cosas, Amor y Verdad, desaparecen los
absolutismos, porque es la humildad la
que llega, sin poder, a los que
la buscan y desean.
Diciendo
esto les enseñó las manos y el costado.
“Como el Padre me ha enviado, así también os envió Yo”
· Jesús cumple la Promesa de enviar al Defensor que guía y conduce a la Comunidad Eclesial, que formamos todos los bautizados, sin que nadie
sea su propietario ni su exclusivo defensor y autor, sino la Comunidad que se preocupa en servir
y vivir a Cristo.
“Recibid el Espíritu Santo”
-
Toda
la Iglesia recibió el Espíritu para que Él sea quien nos confirme
a todos en la Verdad de Cristo, en su Vida y enseñanzas y en la trascendencia
de su Muerte y Resurrección, instituida como Sacramento-Memorial hasta que
vuelva.
“A quienes les perdonéis los pecados les quedan perdonados”
-
Toda la Iglesia es la que perdona, porque el
Cuerpo visible es el que recibe el daño cuando confundimos todos, de alguna
manera, el amor en egoísmo; nadie puede quitar de sí mismo “la culpa”, ni tiene
poder ningún bautizado, por sí mismo, de perdonar los pecados ajenos.
Cuando reconocemos el pecado, no nos quita “la culpa” el propio
remordimiento ni la comunicación de este a un prójimo de confianza, ni
tampoco quedamos en paz con dirigirnos a Dios, porque Dios está presente en la Iglesia.
- (El tema es de amplia catequesis desde la oración
al Espíritu, porque sentirnos
realmente perdonados, cuando nos reconocemos deudores, ante Dios y
el prójimo, es un hecho íntimo, que no
lo resuelve nadie, y menos uno mismo; la
paz del espíritu sólo la da Dios)
- Así debemos entender lo que sigue cuando Jesús habla de que “la culpa será retenida”.
Teniendo presente y aceptando, que es por mediación de la Iglesia por la que recibimos todos los sacramentos, es un hecho real que el sentimiento de
una verdadera culpa, la retenemos nosotros cuando disponemos de los bienes de la
Iglesia a nuestro antojo.
- La justificación propia del mal es la causa
de no entender la Paz que Cristo nos
da.
·
Tomás no estaba cuando se apareció Jesús en
medio de todos.
- Tal vez sea un signo de “no estar” cuando interpretamos los hechos desde
nuestra subjetividad sin atender lo que dice la Iglesia y, determinar
sobre Ella, sin Ella hay que estar
muy seguro de tener el Espíritu; con
la posible contradicción de “hacerle causa” de no ser defensor
y guía de la Verdad, cuando la nuestra la sustituye.
- Aceptando la enseñanza que recibimos de la
actuación de Tomás, que nos representa a muchos, sin embargo, no lo veo tan
incrédulo.
- Él no
estaba y los otros Once le dicen, sin más. “Hemos visto al Señor”; después de decirles que les daba la Paz les
mostró las manos y el costado, que pudieron ver y tocar.
Cuando Tomás dice “Si no veo en sus manos la señal de los clavos
y no meto la mano en su costado, no lo creo” Tomás
pide lo que los demás han recibido gratuitamente, siendo la prueba de su
fe.
· A Tomás se le concedió poner las manos
en las llagas de los clavos y en el costado de Cristo, y
con dos palabras expresar el grado máximo de fe: “¡Señor mío y Dios mío!”
· La Humanidad de Jesús fue el medio visible
“de estar Dios con nosotros” con sus dichos y obras; desde esta Humanidad, ayer Tomás pudo decir que creía en Dios, sin
ver a Dios, porque desde la fe “Dios se identifica en
la Humanidad de Jesús”.
También nosotros creemos en la Humanidad de
Jesús, realmente presente en la Eucaristía.
- Como dice el himno de Tomás de Aquino, Adoro Te devote, que nos
recuerda el Papa Francisco: “Al juzgar de Ti, se equivocaron la vista, el
tacto y el gusto; pero basta el oído para creer con firmeza”.
Todos hemos sido excluidos de poder “ver”, pero nadie
queda excluido de poder comprender lo que escuchamos de la Iglesia, y de dar gracias por creer a
semejanza de la evidencia de los Santos y de los Mártires, testigos de amar
a Dios y al prójimo, desde su fe en el Amor y el Perdón conocidos en la
Humanidad de Jesús.
Federico
Allara
SANTORAL DEL DÍA
s. Julio I, papa

