¡PADRE NUESTRO…!
Meditación-Oración de la PALABRA DE DIOS
PALABRA DE DIOS
5 minutos en nuestro "día a día"
Mateo 6,7-15
DÍA 24 FEBRERO CICLO A
La
soledad negativa,
que puede acompañar toda la vida de un ser humano, es vivir sin haber conocido a los padres, o no haber
experimentado su amor.
- ¡Cuánto
deberíamos pensar en el don gratuito que
es aprender a hablar pronunciando las palabras: “padre y madre”, “papá y
mamá”, y crecer para decirlas al padre y a la madre! Si los padres se
emocionan al escucharlas, ¿por qué no lo hacemos los hijos al recordar nuestra
infancia?
-
Experimentar
haber sido educados en el amor y en la fe, desde la más tierna edad, es la manera más sencilla y trascendente en
nuestro crecimiento integral humano.
- ¡Tal vez sea ésta la riqueza de los
niños del tercer mundo! No tienen nada, pero gozan del amor de los padres compartiendo
la vida desde “nada”; los conocemos sonrientes, como no
saben sonreír los niños que lo tienen todo.
- Del
mismo modo podemos pensar en la seriedad más profunda del alma
cuando, con fe o sin ella, no se le llama a Dios ¡PADRE!
Me
entristece como sacerdote constatar que son muchos los niños,
que hoy no aprenden el Padre nuestro; pero aún más, que la familia no tenga
tiempo para dedicarlo, con amor palpable, a los hijos, y no educarlos en la fe.
En
el mejor de los casos, nos hemos vuelto charlatanes para hablar con Dios, pensando que somos originales al no
hacerlo con oraciones hechas, olvidando o desconociendo que
el “PADRE NUESTRO” es más que una
oración; peor todavía
no rezar por olvidar a Dios.
“Cuando recéis, no uséis
muchas palabras, como los gentiles”
- El
amor no necesita de muchas palabras.
· El silencio vive la experiencia del sabor de
la escucha de las palabras no pronunciadas; así también con Dios.
Dice
S. Gregorio Nacianceno:
“Reconoce
de dónde te viene que existas, que tengas vida, inteligencia y sabiduría, y, lo
que está por encima de todo, que conozcas a Dios y tengas la esperanza del
reino de los cielos”
-
Jesús,
con el PADRE NUESTRO,
nos responsabiliza de no saber rezar, porque la oración que Jesús enseñó es todo un compromiso de vida ante Dios
y ante el prójimo; de manera que nos juzgamos a nosotros mismos.
Me atrevo a decirme:
si no sabes, si no rezas, si no has meditado el PADRE NUESTRO, no digas que has aprendido a rezar, porque, tal
vez, ni rezas.
-
Jesús, después
de enseñar el PADRE NUESTRO a sus
discípulos, resalta la trascendencia de
perdonar:
“Porque si perdonáis a los hombres las ofensas, también os
perdonará vuestro Padre, pero si no perdonáis…, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas”
· ¡Qué importante demostrar la sabiduría
de amar con la práctica del perdón!
S. Gregorio Nacianceno:
·
“Si Dios no tiene a menos llamarse nuestro
Padre, ¿vamos nosotros a renegar de nuestros hermanos?”
- Decir “PADRE
NUESTRO” es saber que somos hermanos de toda la Humanidad.
- ¿Convertirnos?
- ¿Por
qué no empezar a rezar y enseñar a tratar a Dios desde el PADRE NUESTRO, y a relacionarnos
con amigos y enemigos como hermanos?
- ¿A qué
jugamos los creyentes en Cuaresma?
- Y los
ideólogos, ¿por qué “bien” luchan?; parcializar no es de Dios, ni sirve para el bien común.
Federico Allara
COMO LA LLUVIA


