“ESTABA JESÚS HABLANDO CON LA GENTE”
Meditación-Oración PALABRA DE DIOS
5 minutos en nuestro "día a día"
Mateo 12,46-50La madre y los hermanos de Jesús 46 Todavía estaba Jesús hablando a la gente, cuando acudieron su madre y sus hermanos, que querían hablar con él. Como se quedaron fuera, 47 alguien avisó a Jesús: –Tu madre y tus hermanos están ahí fuera, y quieren hablar contigo. 48 Pero él contestó al que le llevó el aviso: – ¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos? 49 Y señalando a sus discípulos, añadió: –Estos son mi madre y mis hermanos. 50 Porque todo el que hace la voluntad de mi Padre que está en el cielo, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre. |
DÍA 16 JULIO CICLO A
Los
creyentes miremos a Jesús en cada situación de su vida, y
toda ella sea fuente de Luz para la
nuestra.
-
Podemos
distinguir entre un diálogo catequético
o de formación y un diálogo con
quienes buscamos en profundidad la
Verdad, desde la realidad concreta de nuestras vidas; también en relación con nuestra fe.
· Se trata de orar e involucrar la propia
vida en la oración.
“Estaba Jesús hablando con la gente”
-
Es
importante ver cada palabra en su texto correspondiente. Una situación era la de Jesús, hablando con sus coetáneos en Nazaret,
hecho normal y habitual de los pueblos; y el hecho de que ahora estuviera “hablando con la gente”.
· La vida de Jesús cambió cuando salió de
Nazaret empezando su mesianismo.
-
Hablaba
con la gente;
no
de las cosas cotidianas, sino que se mostraba
como “Enviado”; es decir, se
presentaba ante todos desde la misión que tenía que, en su caso, era Dios en medio del mundo, como “hombre”.
En
esta situación nueva de su vida “su madre y sus
hermanos se presentaron fuera”
-
“Sus hermanos” hace referencia a sus “familiares”; Jesús
no tenía hermanos.
-
El texto indica que no era habitual que estuviera
su familia con Él; se presentaron fuera tratando de hablar con Él.
¡Es importante para todos y cada uno de
nosotros saber qué misión tenemos en la vida!
“Vivir por lo que estamos llamados a ser en
misión” es saber conjugar los derechos y deberes,
que todos tenemos ante la familia, sabiendo
que la misión ayuda a ser y a dar sentido a la vida.
- Sin dejar de lado a la familia y considerando que la familia es misión de todos, porque
es el fundamento de donde procede
toda posible realización humana.
- Donde no hay vida de familia pueden
sucederse fragmentaciones en la vida.
·
Entendemos como “misión” lo que da sentido a la íntegra realidad de la vida, siendo capaz de ser vivida sin desdeñar el amor a la familia y
la que se debe al prójimo; no la profesión laboral ni el modo de ganar el
sustento para vivir.
·
Ver la vida como misión es haber hallado el pleno sentido que realiza en
verdad todas las relaciones humanas.
¡Qué importante es discernir la vida como misión!
“Tu madre y tus hermanos están fuera y quieren hablar
contigo”
-
Sabemos que estaban preocupados por lo que se
decía de Él, dándonos a entender que “su Mesianismo” llenaba su tiempo y
que, su obligación de cumplir la voluntad del Padre, habiéndolo iniciado lo separaba de la
familia.
“Estos son mi madre y mis hermanos. El que haga la voluntad de
mi Padre, ese es mi hermano, mi hermana, y mi madre”
- Jesús amaba, ¡cómo no!, a su Madre y a toda su familia, pero cuando “la misión es hacer
la voluntad de Dios” ella está por encima de todo.
- Hacer
la voluntad de Dios es misión de todo bautizado.
Federico
Allara
P. D. (Les invito a leer la carta de S. Luis
Gonzaga a su madre antes de morir)
Pido
para ti, ilustre señora, que goces siempre de la gracia y del consuelo del
Espíritu Santo. Al llegar tu carta, me encuentro todavía en esta región de los
muertos. Pero un día u otro ha de llegar el momento de volar al cielo, para
alabar al Dios eterno en la tierra de los que viven. Yo esperaba poco ha que
habría realizado ya este viaje antes de ahora. Si la caridad consiste, como
dice san Pablo, en alegrarse con los que se alegran y llorar con los que
lloran, ha de ser inmensa tu alegría, madre ilustre, al pensar que Dios me
llama a la verdadera alegría, que pronto poseeré con la seguridad de no
perderla jamás.
Te he de confesar, ilustre señora, que al
sumergir mi pensamiento en la consideración de la divina bondad, que es como un
mar sin fondo ni litoral, no me siento digno de su inmensidad, ya que él, a
cambio de un trabajo tan breve y exiguo, me invita al descanso eterno y me
llama desde el cielo a la suprema felicidad, que con tanta negligencia he
buscado, y me promete el premio de unas lágrimas, que tan parcamente he
derramado.
Considéralo una y otra vez, ilustre señora, y
guárdate de menospreciar esta infinita benignidad de Dios, que es lo que harías
si lloraras como muerto al que vive en la presencia de Dios y que con su
intercesión puede ayudarte en tus asuntos mucho más que cuando vivía en este
mundo. Esta separación no será muy larga; volveremos a encontrarnos en el
cielo, y todos juntos, unidos a nuestro Salvador, lo alabaremos con toda la
fuerza de nuestro espíritu y cantaremos eternamente sus misericordias, gozando
de una felicidad sin fin. Al morir, nos quita lo que antes nos había prestado,
con el solo fin de guardarlo en un lugar más inmune y seguro, y para
enriquecernos con unos bienes que superan nuestros deseos.
Todo esto lo digo solamente para expresar mi
deseo de que tú, ilustre señora, así como los demás miembros de mi familia,
consideréis mi partida de este mundo como un motivo de gozo, y para que no me
falte tu bendición materna en el momento de atravesar este mar hasta llegar a
la orilla en donde tengo puestas todas mis esperanzas. Así te escribo, porque
estoy convencido de que ésta es la mejor manera de demostrarte el amor y
respeto que te debo como hijo.
SANTORAL DEL DÍA
ESCUCHA MARÍA, MADRE MÍA


