"SI TU HERMANO TE OFENDE..."
Meditación-Oración PALABRA DE DIOS
5 minutos en nuestro "día a día"
Mateo 18,15-20
DÍA 6 SEPTIEMBRE CICLO A
XXIII DOMINGO TIEMPO ORDINARIO
Ez 33,7-9
“A ti, hijo de hombre”
·
Dios
se dirige a Ezequiel llamándolo “hijo de hombre”; como ser humano nacido de mujer.
- La misma frase es dirigida a Jesús: “HIJO DE
HOMBRE”. Dios nació,
en su HIJO, “de mujer”. (Gal. 4,4).
- Ezequiel,
como todos los Profetas, fue puesto
como centinela de la casa de Israel.
·
Jesús
fue y es el centinela de toda la Humanidad.
Los
humanos somos,
desde Dios, corresponsables de
nuestra mutua salvación, como individualidades únicas, pero nunca llamados a ser individualistas
espirituales.
- Que la advertencia de corrección sea
hecha siempre con amor; nos debe preocupar la “deuda de amor que nos tenemos unos a otros”, porque el amor lo resume todo, procura el bien y nunca hacer mal al
prójimo. (Rom. 13,8-10).
¡Bienaventurados los que aman, los que reconocen el mal cometido, y piden perdón!
Mateo 18,15-20
El texto
del Evangelio tiene dos partes muy diferenciadas; comento
la primera parte.
- Nos invita a detenernos
a ver “los pecados personales”,
los que se pueden recibir como ofensa, y
“los pecados sociales”.
- No
nos quedemos sólo con los posibles pecados de un hermano contra nosotros, pues quien peca y ofende a un hermano,
peca y nos ofende a nosotros si es que nos consideramos humanos, creyentes y hermanos.
- Los pecados, las injusticias, la
indiferencia,
ante todo lo que ocurre a nivel social, ¿quién lo considera pecado, injusticia o indiferencia hecha hacia
sí mismo?
- Preocuparnos más de las posibles
ofensas, que nos hacen a nosotros, y no pensar, ver
y preocuparnos de las injusticias, que caen sobre los hermanos, revela la calidad de seres humanos y
creyentes en Jesús que somos.
Hoy
Jesús nos pide la corrección mutua,
no sólo la reacción de reprensión ante las ofensas recibidas.
· ¿Quién
es voz que clama ante los pecados
sociales
cometidos
contra nuestros hermanos sin voz?
- Hay voces que gritan, pero abundan más los medios
de acallarlos, lo cual hace que muchos podamos vivir agazapados, indiferentes
al sufrimiento ajeno; todos somos corresponsables del bien y del mal.
Ante
este tema,
nada fácil e incómodo de afrontar, a mí
me sugiere aclarar el “concepto de sensibilidad”.
· Es
necesario “madurar en sensibilidad”, porque pueden
existir personas negativas e inmaduras, que piensan que todo está “dicho
y hecho” contra ellas; estas personas no
están preparadas para reprender ni para ser reprendidas.
·
Tener
clara la virtud del amor.
- Si es cierto que el amor “todo lo cree y
lo perdona”, también lo es la obligación de corregir
cuando es necesario, si no es así el mismo amor deja de educar.
- El amor que todo lo consiente no
es el que
“todo lo ama y perdona”; consintiendo y respetando, cuando debemos corregir, nos equivocamos en la forma de amar.
- No
seamos rápidos en “reprender a quien puede habernos ofendido”; seamos prontos en examinarnos sobre las veces que nosotros
pecamos u ofendemos al prójimo, para discernir
mejor la objetividad de la posible ofensa recibida.
El
Evangelio nos dice “llamar a uno o dos como testigos”.
- Para
que oigan lo que decimos a quien
deseamos ayudar; tal reprensión
no debe ser nunca por egoísmo, sino por
amor.
- Debemos
tener claro que una cosa es llamar a “los testigos” para escuchar la corrección
y otra, muy opuesta, “hablar de la
ofensa” con uno o más; porque en este caso no sería para “ser testigos”, sino para “extender la noticia de la ofensa”.
· La Iglesia es la Comunidad
a la que tenemos que recurrir.
- La Iglesia no es una entidad
abstracta,
es bien concreta.
- ¡Somos todos los bautizados, unidos
a “Pedro” !, hoy a León XIV; unidos a las Parroquias que pertenecemos, y unidos y
valorando las iglesias domésticas.
- La falta de realismo espiritual,
litúrgico y sacramental, dentro de lo que es la Iglesia, dificulta entender esta parte del texto
Evangélico, que es por donde hemos de empezar a examinarnos, porque ser creyentes bautizados es vivir desde
esta corresponsabilidad.
¿A quién se reprender?; desde la marginación
de la Iglesia y de las Comunidades eclesiales es de mucha suficiencia; y, ¿desde qué objetiva referencia?
- S. Agustín lo resume con su sabiduría:
“Quien
te ha ofendido, ofendiéndote, ha inferido a sí mismo una grave herida, ¿y tú no
te preocupas de la herida de tu hermano?... Tú debes olvidar la ofensa
recibida, no la herida de tu hermano”.
- Me preocupa mucho constatar que haya
tantos reprensores desde dentro y desde fuera de la Iglesia; tal
vez por no aceptar su herida ni ser amados en ella.
Federico Allara
SANTORAL DEL DÍA


