“HAN QUEDADO PERDONADOS TUS PECADOS”
Meditación-Oración PALABRA DE DIOS
5 minutos en nuestro "día a día"
Lucas 7,36-50
DÍA 17 SEPTIEMBRE CICLO A
El
texto del Evangelio de hoy nos aclara lo de “la mujer pecadora”.
-
Dejemos de llamarnos pecadores; sabemos
que lo somos y, quien piensa que no
lo es, San Juan dice que “miente”,
porque no nos ayuda a la conversión.
· DIOS
vino, en su HIJO, a quitar el pecado del mundo;
se acercó a los pecadores, para que se sintieran amados y se
convirtieran.
-
No
llamemos a María Magdalena pecadora; y
no confundamos a María, la hermana de Marta y de Lázaro, con la “pecadora” que
nos hace referencia el texto:
“Una mujer de la ciudad, al enterarse que Jesús comía en
casa de un fariseo…”
·
Jesús no rehuyó entrar en casa de los que le
perseguían.
· Jesús se muestra libre y sin temor,
aprovechando todo tiempo y lugar para decir la verdad.
Estando en casa del fariseo,
“Vino esta mujer con
un frasco de alabastro lleno de perfume y, colocándose detrás junto a sus pies,
llorando se puso a regarle los pies con sus lágrimas, se los enjugaba con sus
cabellos, los cubría de besos y se los ungía con el perfume”
Hoy solemos tender a justificarlo todo; quien justifica sus errores,
sus debilidades y sus posibles injusticias, vanidades y críticas negativas…, no es humano.
· ¿Qué piensas tú de esta mujer? ¿Qué piensas
de Jesús, dejándola hacer?
- Es bueno detenernos
y entrar en escena, para saber nuestros sentimientos.
El Evangelio nos dice lo que pensó el fariseo:
“Si este fuera profeta, sabría quién es esta mujer que lo
está tocando”
Jesús interviene: “He entrado en tu casa y no me has dado agua para los
pies”
“Tú no me diste el beso
de paz”
Antes de pensar en nuestra fe:
· ¿Cuál es nuestra actitud ante Jesús? ¿Qué
relación tenemos con Jesús, seamos o no creyentes?
- Ante Jesús, Hombre humano y divino, ¿tenemos algún detalle humano?
“Tú no me ungiste la
cabeza con ungüento”
-
El respeto, la educación, el trato digno… son formas, no solo educadas, sino maneras de conocer.
- La
indiferencia, la frialdad, el desapego… son
formas apáticas de trato, que muestran falta de sensibilidad humana.
“Ella ha regado mis pies
con lágrimas…,
no ha dejado de besar mis
pies…, me ha ungido con perfume…”
Sigo preguntándome y preguntándote, salvando los tiempos y las costumbres de
aquella época, si no justificamos nuestra conducta:
·
¿A quién acudimos para recobrar la paz?
- Esta mujer no tuvo ningún reparo en entrar
en casa del fariseo, es más, se expuso mucho al hacer lo que hizo.
“Por esto te digo: “Sus muchos pecados han quedado perdonados
porque ha amado mucho… Tu fe te ha salvado”
- Cuando realmente la conciencia nos acusa, ¿a quién acudimos? Si la conciencia
no nos llega a acusar, ¿a quién
acudimos?
- ¿Qué
sacó el fariseo de haber convidado a Jesús? No lo sabemos; lo
que sí sabemos es que esta mujer
recobró la libertad, la paz, la felicidad.
Federico Allara
SANTORAL DEL DÍA
Virgen y doctora de la Iglesia
EL AMOR

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