“SEÑOR, Y ÉSTE ¿QUÉ?”
Meditación-Oración PALABRA DE DIOS
5 minutos en nuestro "día a día"
Juan 21,20-25
DÍA 23 MAYO CICLO A
· Pedro
acababa de recibir la confirmación de ser “la piedra”, el
fundamento del Cuerpo místico de Jesús, signo de unidad de la Iglesia católica.
· Pedro,
por voluntad divina y los méritos de Cristo, ha recobrado totalmente la paz y, no sólo está reconciliado, sino
que es ratificado en ser apacentador de
toda la grey.
- Todo
“pastor” debe ser “apacentador”; dar pasto
espiritual, es decir, ayudar a
conocer a Dios a toda la comunidad a la que sirve, a ir delante en humildad en “vida espiritual”.
· Dice
el texto del Evangelio que Pedro “se
volvió y vio a Juan”; nos lo identifica como “el discípulo amado” y
el que le preguntó a Jesús quién lo iba a entregar.
- “Ver a Juan” le suscita la curiosidad con
que es amado, y cómo este amaba a Jesús; Pedro
deseaba saber cómo era premiado “el discípulo amado”
“Señor, y éste ¿qué?”
- Era
lógico que Pedro se lo preguntara reconociendo la fidelidad de Juan a Jesús; pensemos que nadie es fiel, ni bueno, sin que Dios dé la Gracia para serlo.
- Incluso
las personas que humanamente son buenas y fieles, aunque no tengan muchos o ningún conocimiento de Dios, también, por voluntad divina, son humanos
y buenos, realmente, a los ojos de los demás.
· Dios trabaja cada corazón en la medida
que somos humanos y estamos abiertos al bien natural.
- La acción de Pedro nos debe servir para “volvernos”, y saber reconocer la bondad natural de muchos seres humanos que viven entre nosotros.
La respuesta de Jesús, en principio, suena
extraña.
“Si quiero que se quede hasta que Yo vuelva, ¿a ti qué?”
- La contestación de Jesús a Pedro parece insinuar
que va a premiar a Juan dejándolo que no muera y se quede, de alguna manera,
hasta que Él vuelva; Juan, que es quien relata el hecho, nos aclara que “Jesús no le dijo que no moriría”.
- Debemos meditar
el añadido de Jesús a Pedro: “¿a ti
qué?”.
Hemos de “servir y amar al prójimo”, pero nos ha de preocupar por qué y para qué Dios nos ha dado la
vida, por qué nos ha identificado
con una singularidad personal, es decir, ¿a qué “vocación concreta” nos llama?
- La respuesta que Jesús le da a Pedro no indica
“inmortalidad de alguien”, ni la
de Juan, en el tiempo; aunque, creer
en Él es poseer, en el tiempo, la vida eterna, que no significa
privarnos de morir, sino que “Dios es dueño de nuestras vidas”.
·
La fe nos dice qué significa “que Dios sea dueño de nuestras vidas”.
“Es que nos ha creado por Amor y por Amor nos ha rescatado a
precio de Sangre”.
·
Dios
es plenitud en Sí mismo; nos necesita para amarnos.
- Reconozcamos la Verdad del Amor Divino, y aprendamos
que el amor nunca es propietario, y menos de un ser humano.
Federico Allara
SANTORAL DEL DÍA
COMO MARÍA

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