"NO SE CONVENCERÁN NI AUNQUE RESUCITE UN MUERTO"
Meditación-Oración de la PALABRA DE DIOS
PALABRA DE DIOS
5 minutos en nuestro "día a día"
Lucas 16, 19-31
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DÍA 5 MARZO CICLO A
“NO SE CONVENCERÁN NI
AUNQUE RESUCITE UN MUERTO”
Lc 16,19-31
El
hombre moderno piensa
que creer en Dios, o no creer, es cuestión personal; también lo piensa quien cree
de modo totalmente subjetivista.
-
Con
estas afirmaciones revelan que para
ellos la fe es independiente del mismo Dios.
-
Piensan
que tienen poder para decidir sobre el Ser de Dios, cuando
toda realidad no depende de lo que piense el ser humano, y menos
si se trata de Dios.
· En
ambos casos, el hecho de la
existencia de Jesús queda como realidad histórica, sin necesitar
la trascendencia de que sea Dios; por tanto, no es de interés, en su
caso, que Jesús haya resucitado.
· La inmortalidad del ser
humano es
un deseo
natural del alma; no somos pura materia, tenemos el espíritu humano, que nos
habla y revela nuestras diferencias en materia de fe.
-
¡Dios
siempre es el Otro
que, habiéndose revelado y
liberado nuestra libertad, nos
espera desde las diferencias que nosotros nos creamos!
El
texto del Evangelio de hoy nos ayuda a
pensar en la trascendencia, del hecho de la inmortalidad, en el aquí de
la vida y después de la muerte.
-
(Contemplando
la naturaleza de las criaturas inferiores vemos que no hay animales, que
sean malos por causar daño a los otros; matan por comer, pero nunca un
animal se complace en hacer daño; sólo el ser humano puede “llegar a
ser peor” de lo que “no son los seres inferiores”; ¡Dios algo
hará por estas criaturas que creó y que “vio que eran buenas”!)
Somos
nosotros, los humanos, los que vivimos la realidad de ser epulones o Lázaros,
por causas que nunca se deben atribuir a Dios.
·
Jesús,
Dios y hombre verdadero, murió y resucitó por la conversión de los epulones,
para que no hubiera Lázaros a sus pies, siendo incapaces de verlos por su inmensa
pobreza, y para dar la sabiduría, que no tienen los epulones, a los Lázaros con el fin de saber que “el
aquí“ no es el absoluto final de la
existencia humana, pero sí
el absoluto humano que decide su
inmortalidad.
· Dios y la inmortalidad humana no son según lo que cada uno piensa.
-
Entre
Dios y nosotros existe un abismo, que
sólo Dios ha querido vencerlo al acercarse a todo ser humano.
· Dios
nos ha visitado y
nos ha dado a conocer, desde su Vida, cómo hemos de vivir y convivir, para
que reine la paz y la justicia, y lo hizo conviviendo con todos los
Lázaros que encontró, sin despreciar a los epulones, acercándose a
ellos con amor y con claridad de palabras.
Pero,
de igual forma como el epulón no vio a Lázaro, los epulones de ayer y de
hoy tampoco ven a Jesús a sus pies.
-
Te ruego, padre, le
dice epulón a Abrahán, que lo mandes (a Lázaro) a casa de mi padre…
-
Tienen a Moisés y a los
Profetas… (y nosotros los Evangelios): que los escuchen.
-
No, padre, pero si un
muerto va a ellos, se arrepentirán, dijo epulón.
-
“No se convencerán ni
aunque resucite un muerto”.
Federico Allara
SANTORAL DEL DÍA

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