"SALIÓ EL SEMBRADOR A SEMBRAR"
Meditación-Oración de la PALABRA DE DIOS
5 minutos en nuestro "día a día"
Marcos 4,1-20
DÍA 28 ENERO CICLO A
Uno de los hechos habituales que vemos en los textos que proclamamos del Evangelio es que, Jesús “salía a enseñar”; hoy nos dice: “comenzó a enseñar a la orilla del lago”
·
Las
enseñanzas de Jesús eran muy sencillas, porque iban mayormente dirigidas a gente sencilla; aun siendo
sus palabras asequibles, sus mismos
discípulos le decían “por qué enseñaba en parábolas” y le pedían que
les explicara lo enseñado. Esto
nos demuestra de quiénes se preocupaba Jesús.
· Jesús enseñaba desde “lo que
veía" y desde “lo que era la vida cotidiana” de los que le escuchaban,
para expresar lo que les quería decir del
Reino de Dios.
Ante
este modo de enseñar nos hemos de interrogar si somos sencillos para preguntar a Jesús, en oración, lo que no
entendemos de su Reino anunciado.
·
“Salió el sembrador a sembrar” es aceptar que “el PADRE”, a quien sólo conocemos por Jesús, “es el sembrador” que permanentemente
siembra en nuestra propia tierra cada
día y de muchas maneras.
¡Cuánta “semilla de Dios”, “SU PALABRA”, llega
a nuestra vida, como presencia aparentemente
oculta, ¡pudiendo ser
despreciada!
Cuando los que estaban alrededor y los
Doce “le preguntaban el sentido
de las parábolas”, les contestó diciendo simplemente:
“El sembrador siembra la Palabra”.
·
El primer acto de fe y de amor a Dios es aceptar
que el HIJO, la PALABRA del PADRE, es
la semilla que DIOS PADRE, como
sembrador, ha esparcido por toda la
tierra.
-
Lo es así porque las cosas de Dios nos exigen, desde una razón lógica, ser muy sencillos y humildes,
para poder entender lo que no pueden comprender los sabios.
- De Jesús es de quien aprendemos a ser humanos; “Él aprendió obedeciendo”
·
La fe nos hace atentos para saber ver y
escuchar, porque es la vida cotidiana la que recibe
la siembra de la PALABRA donde
menos lo pensamos.
-
“El que tenga oídos para
oír, que oiga”.
Tenemos oídos para escuchar muchas palabras que no nos aportan enseñanza alguna en la
vida; al contrario, más bien lo escuchado nos
causa temor, inseguridad, tristeza…
-
Se acalla o acallamos la PALABRA, que es enseñanza para una convivencia en paz y para una vida con
sentido.
-
Dejamos que caiga al borde de nuestro
camino cuando la escuchamos desde dentro de
casa con la puerta cerrada.
-
Otras veces acogemos la PALABRA
con gusto, pero desde la superficialidad, y no puede echar raíces.
-
O también, invadidos por las propias preocupaciones de la vida, queda ahogada sin producir el fruto que el
Sembrador espera.
Si “creemos
la PALABRA DE DIOS” sabremos
lo que significa que sea DIOS QUIÉN nos
habla, y pondremos las condiciones
que requiere toda relación humana.
Seamos tierra buena, siempre desde la imperfección, que sabe escuchar, aceptar y cosechar la medida que la Gracia nos da a
cada uno.
Federico Allara
SANTORAL DEL DÍA

No hay comentarios:
Publicar un comentario