sábado, 30 de noviembre de 2024

LA VENIDA DE DIOS AL MUNDO 

EN LA PERSONA DEL HIJO. 

HOMBRE VERDADERO EN JESÚS 

 Meditación-Oración de la PALABRA DE DIOS

Fray Federico Allara O.F.M 

Animación a la lectura 

PALABRA DE DIOS

5 minutos en nuestro "día a día"

(Clic en los textos para leer)

Jeremías 33,14-16

Lucas 21,25-28.34-36

El regreso del Hijo del hombre
(Mt 24.29-35,42-44; Mc 13.24-37)
25 “Habrá señales en el sol, la luna y las estrellas. En la tierra, las naciones estarán confusas y angustiadas por el ruido terrible del mar y de las olas. 26 La gente se desmayará de espanto pensando en lo que ha de sucederle al mundo, pues hasta las fuerzas celestiales se tambalearán. 27 Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube con gran poder y gloria. 28 Cuando empiecen a suceder estas cosas, animaos y levantad la cabeza, porque muy pronto seréis liberados.”
34 “Tened cuidado y no dejéis que vuestro corazón se endurezca por los vicios, las borracheras y las preocupaciones de esta vida, para que aquel día no caiga de pronto sobre vosotros 35 como una trampa; porque así vendrá sobre todos los habitantes de la tierra. 36 Permaneced vigilantes, orando en todo tiempo para que podáis escapar de todas esas cosas que van a suceder, y para que podáis presentaros delante del Hijo del hombre.”

DÍA 1 DICIEMBRE  CICLO  -C

Empezamos un nuevo adviento ante la puerta del Jubileo de la esperanza.

Es el tiempo de celebrar la espera y la esperanza cierta del acontecer único, que ocurrió en el tiempo:

·       La venida de Dios al mundo en la Persona del Hijo, encarnado por el Espíritu Santo en las entrañas de María, de quien nació como Hombre verdadero en Jesús, que es la visibilidad de Dios-con-nosotros.

Ello hace posible la verdad de ver a Dios y tocarlo, desde la afirmación de que nadie lo ha visto, sino quien de Él ha bajado siendo Dios.

La Humanidad de Jesús motiva la fe en Dios.

Las celebraciones litúrgicas que vivimos, como bautizados miembros del Cuerpo místico de Cristo resucitado, no son meramente prácticas cultuales, sino Sacramentos, encuentros reales con Dios en nuestro tiempo, que nos permiten vivir en presente los momentos puntuales que, Cristo eterno vivió en el suyo.

Es el gran don de la fe, que profesamos como miembros bautizados en la Iglesia y por la Iglesia católica; de Ella recibimos lo que somos: creyentes de este Cuerpo, del cual Cristo es la Cabeza, vivificado por el Espíritu Santo. Nada de lo que decimos es de sentido común, sino de fe.

Hay que aceptar este don para poder decir que lo que creemos se fundamenta en Hechos que trascienden nuestra historia, siendo históricos por haber sucedido en nuestro tiempo.

Hecho que es el fundamento de la esperanza cierta en medio de todo el tiempo histórico incierto.

Fuera del Hecho creído por la fe no hay razones que den motivos proporcionados y lógicos para que el ser humano pueda esperar tiempos nuevos.

Desde nuestra condición no existen, porque los seres humanos llevamos la vejez encima y sólo podemos ofrecer promesas religiosas o ideológicas, que no tienen espacio ni tiempo para crear lo nuevo deseado y esperado.

¡El mundo jamás puede ofrecer esperanza al pobre, ni al hombre mortal! Lo vemos muy claro con la experiencia de la paz.

Jesús, con su Vida, Muerte y Resurrección, reconcilió de una vez para siempre toda la Humanidad estableciendo la Paz; sin embargo ni su Tierra, natal humana, ha conseguido un tiempo de paz; nunca Jesús fue creído por quienes debieron hacerlo.

Su muerte no fue la sepultura de la paz, ni la piedra del sepulcro retuvo a Cristo. La noche fue para los que no creyeron en Él, porque  los planes de Dios subsisten por encima de las condenas del hombre, desde la gravedad de hacerlo en su Nombre.

¿Quiénes han sobrevivido en paz y en esperanza en medio del mundo y de sus tribulaciones y condenas?

¿Quiénes pueden hablar hoy de paz y de esperanza al hombre desesperanzado, angustiado y atribulado, que vive la realidad de las desgracias a lo largo de la Historia?

·       Los que desde entonces han creído que el Crucificado fue el Resucitado.

La paz y la esperanza son experiencias del espíritu humano, no las esperemos fuera de nuestro espíritu. Nosotros somos los posibles instrumentos de paz, o de dolor.

·       La fe en Jesús y la conversión a Él son fundamento de una esperanza cierta.

·       La fe da la certeza de Dios en Cristo ante la situación real, no utópica.

Esta virtud permite vivir la aparente contradicción de testimoniar y alentar al mundo en su tribulación, aun sabiendo que el mundo no va a cambiar; pero sí lo puede hacer el mundo del corazón del hombre cuando libremente da el paso a la fe en Jesús.

Utopía es pretender crear fe en las verdades que prometen paz y esperanza desde la lucha de poderes. Jesús respetó la libertad, amó sin distinción y no usó el poder.

Los seres humanos necesitamos referencias que den seguridad a lo que esperamos.

La falta de fe en el poder humano deja al hombre indefenso sobre la tierra, que ve cómo se hunde a sus pies. El hombre moderno, orgulloso de su saber y del poder de sus manos (y de sus armas), es un hombre débil que crea debilidad e inseguridad.

La falta de fe del hombre, ante el hombre, deja al espíritu humano en un vacío, que no lo llena nada ni nadie por más que, el ser humano actual se acomode a su vida, mientras no le falte lo necesario, o se hunda en la ansiedad buscando senderos de paz y esperanza en su alma sin que nadie se las dé con razones que lo convenzan.

Pedro nos dice: “La esperanza cristiana es una herencia incorruptible, incontaminada e imperecedera”. (I Pe 1,4)

·       Una herencia. Nos la ha dejado gratuitamente Jesús desde su Justicia de Amor reconciliador.

·       Esta herencia, para quien la acepta con fe y ama como el mejor tesoro, es incorruptible; no hay nada que la haga perecer en el espíritu que la posee.

·       Es incontaminada. Puede ser vivida y conservada en medio del mundo manchado por el egoísmo, la envidia y la lucha por el poder creando perdedores.

·       Y sobre todo es imperecedera. Su experiencia es tan cierta que, los humanos que la aceptan son capaces de vivir y morir por ella; porque la herencia de Dios en el alma humana es inmortal; Los absolutismos vienen de otras referencias de la vida.

Esta es la esperanza que no defrauda porque es real en medio de la tribulación.

Es una virtud que se fundamenta en la fe y se alimenta en el amor;

La fe, esperanza y caridad, virtudes llamadas teologales, son el fundamento del “vivir el aquí de la vida en su tiempo” con la experiencia de la verdad eterna.

·       “Vida eterna es creer en quien se nos ha enviado”.

No hay “inmortalidad” ni “vida temporal” segura y pacificada sin una referencia que sea verdad en el espíritu humano. Sólo Dios Es La Verdad.

Jer 33,14-16.

Sedecías, que significa el Señor mi justicia”, no hizo la paz con su Pueblo por no creer al profeta Jeremías, y Dios prometió un “vástago”, prefigura desde David y luego del mesianismo.

I Tes 3,12-4,2

Los primeros tiempos eran de esperanza escatológica; se creía que Jesús volvía pronto.

Ante esta esperanza Pablo exhorta a la conversión y al amor, a ser santos ante la venida del Señor.

Lc 21,25-28.34-36.

”Estad despiertos”; pidiendo fuerza para escapar de lo que viene.

“Manteneos en pie ante el Hijo del Hombre”.

De pie estuve María ante su Hijo crucificado con la esperanza cierta de su fe en Dios Padre.                                

F. Allara

 SANTORAL DEL DÍA

San Charles de Foucauld



VEN, DIOS





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