LA VENIDA DE DIOS AL MUNDO
EN LA PERSONA DEL HIJO.
HOMBRE VERDADERO EN JESÚS
Meditación-Oración de la PALABRA DE DIOS
Animación a la lectura
PALABRA DE DIOS
5 minutos en nuestro "día a día"
(Clic en los textos para leer)
Jeremías 33,14-16 |
Lucas 21,25-28.34-36
|
DÍA 1 DICIEMBRE CICLO -C
Empezamos un nuevo adviento ante la puerta del Jubileo de la esperanza.
Es
el tiempo de celebrar la espera y la esperanza cierta del acontecer único, que ocurrió en el
tiempo:
· La venida de Dios al mundo en la
Persona del Hijo,
encarnado por el Espíritu Santo en las entrañas de María, de quien nació como Hombre
verdadero en Jesús, que es la
visibilidad de Dios-con-nosotros.
Ello hace posible la verdad de ver a Dios y tocarlo, desde
la afirmación de que nadie lo ha visto,
sino quien de Él ha bajado siendo Dios.
La Humanidad de Jesús
motiva la fe en Dios.
Las
celebraciones litúrgicas que vivimos, como bautizados miembros
del Cuerpo místico de Cristo resucitado, no son meramente prácticas cultuales, sino Sacramentos, encuentros reales con
Dios en nuestro tiempo, que
nos permiten vivir en presente los
momentos puntuales que, Cristo eterno vivió en el suyo.
Es
el gran don de la fe,
que profesamos como miembros bautizados en la Iglesia y por la Iglesia
católica; de Ella recibimos lo que somos: creyentes
de este Cuerpo, del cual Cristo es la Cabeza, vivificado por el Espíritu
Santo. Nada de lo que decimos es de sentido común, sino de fe.
Hay
que aceptar este don
para poder decir que lo que creemos se
fundamenta en Hechos que trascienden
nuestra historia, siendo históricos por haber sucedido en nuestro tiempo.
Hecho
que es el fundamento de la esperanza
cierta en
medio de todo el tiempo histórico incierto.
Fuera
del Hecho creído por la fe no hay
razones que den motivos proporcionados y lógicos para que el ser humano pueda esperar
tiempos nuevos.
Desde
nuestra condición no existen, porque los seres humanos llevamos la vejez encima y sólo podemos ofrecer promesas
religiosas o ideológicas, que
no tienen espacio ni tiempo para crear lo
nuevo deseado y esperado.
¡El
mundo jamás puede ofrecer esperanza al
pobre, ni al hombre mortal! Lo vemos muy claro con la experiencia de la paz.
Jesús,
con su Vida, Muerte y Resurrección, reconcilió de una vez para siempre toda la Humanidad estableciendo la Paz; sin embargo ni
su Tierra, natal humana, ha conseguido un
tiempo de paz; nunca Jesús fue creído
por quienes debieron hacerlo.
Su
muerte no fue la sepultura de la paz, ni la piedra del sepulcro retuvo a
Cristo. La noche fue para los que no
creyeron en Él, porque los
planes de Dios subsisten por encima
de las condenas del hombre, desde la gravedad de hacerlo en su Nombre.
¿Quiénes
han sobrevivido en paz y en esperanza en medio del mundo y de
sus tribulaciones y condenas?
¿Quiénes
pueden hablar hoy de paz y de esperanza al hombre
desesperanzado, angustiado y atribulado, que vive la realidad de las desgracias
a lo largo de la Historia?
· Los que desde entonces han creído que el Crucificado fue el
Resucitado.
La
paz y la esperanza son experiencias del espíritu humano,
no las esperemos fuera de nuestro
espíritu. Nosotros somos los posibles instrumentos de paz, o
de dolor.
· La fe
en Jesús y la conversión a Él son fundamento de una esperanza cierta.
· La fe da la certeza de Dios en Cristo
ante la situación real, no utópica.
Esta virtud permite vivir la
aparente contradicción de testimoniar y
alentar al mundo en su tribulación, aun sabiendo que el mundo no va a cambiar; pero sí lo puede hacer el mundo del corazón del hombre cuando libremente da el paso a la fe en
Jesús.
Utopía
es pretender crear fe en las verdades
que prometen paz y esperanza desde la
lucha de poderes. Jesús respetó la
libertad, amó sin distinción y no usó el poder.
Los
seres humanos necesitamos referencias que
den seguridad a lo que esperamos.
La
falta de fe en el poder humano deja
al hombre indefenso sobre la tierra, que ve
cómo se hunde a sus pies. El hombre
moderno, orgulloso de su saber y del poder de sus manos (y de sus armas), es un hombre débil que crea debilidad e
inseguridad.
La
falta de fe del hombre, ante el hombre, deja al espíritu humano en un vacío,
que no lo llena nada ni nadie por más que, el
ser humano actual se acomode a su vida, mientras no le falte lo necesario, o
se hunda en la ansiedad buscando senderos
de paz y esperanza en su alma sin
que nadie se las dé con razones que lo convenzan.
Pedro
nos dice: “La esperanza cristiana es una herencia
incorruptible, incontaminada e imperecedera”. (I Pe 1,4)
· Una herencia. Nos la ha dejado
gratuitamente Jesús
desde su Justicia de Amor reconciliador.
· Esta herencia, para quien la acepta con fe y ama como el
mejor tesoro, es incorruptible; no
hay nada que la haga perecer en el espíritu que la posee.
· Es incontaminada. Puede ser vivida y
conservada en medio del mundo manchado por el egoísmo, la envidia y la lucha
por el poder creando perdedores.
· Y
sobre todo es imperecedera. Su
experiencia es tan cierta que, los humanos que la aceptan son capaces de vivir
y morir por ella; porque la herencia de
Dios en el alma humana es inmortal; Los absolutismos vienen de otras
referencias de la vida.
Esta
es la esperanza que no defrauda porque es real en
medio de la tribulación.
Es
una virtud que se fundamenta en la fe y se alimenta en el amor;
La
fe, esperanza y caridad, virtudes llamadas teologales, son el fundamento del “vivir el aquí de la
vida en su tiempo” con la experiencia de la verdad eterna.
· “Vida
eterna es creer en quien se nos ha enviado”.
No
hay “inmortalidad” ni “vida temporal” segura
y pacificada sin una referencia que sea
verdad en el espíritu humano. Sólo Dios Es La Verdad.
Jer 33,14-16.
Sedecías,
que significa “el Señor mi justicia”, no hizo la paz con su Pueblo por no
creer al profeta Jeremías, y Dios prometió un “vástago”, prefigura desde David y luego del
mesianismo.
I Tes 3,12-4,2
Los
primeros tiempos eran de esperanza
escatológica; se
creía que Jesús volvía pronto.
Ante
esta esperanza Pablo exhorta a la conversión y al amor, a ser santos ante la venida del Señor.
Lc 21,25-28.34-36.
”Estad despiertos”;
pidiendo fuerza para escapar de lo que viene.
“Manteneos en pie ante el
Hijo del Hombre”.
De
pie estuve María ante su Hijo crucificado con la esperanza cierta de su fe en
Dios Padre.
F.
Allara
SANTORAL DEL DÍA
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