martes, 2 de abril de 2024

 ¡DIOS NOS CONOCE Y NOS LLAMA 

POR NUESTRO NOMBRE! 

Meditación-Oración de la PALABRA DE DIOS

Fray Federico Allara O.F.M


Animación a la lectura PALABRA DE DIOS

5 minutos en nuestro "día a día"


Juan 20, 11-18

Jesús se aparece a María Magdalena
(Mc 16.9-11)
11 María se quedó fuera, junto al sepulcro, llorando. Y llorando como estaba, se agachó a mirar dentro 12 y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados donde había estado el cuerpo de Jesús, uno a la cabecera y el otro a los pies. 13 Los ángeles le preguntaron:
–Mujer, ¿por qué lloras?
Ella les dijo:
–Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto.
14 Apenas dicho esto, volvió la cara y vio allí a Jesús, aunque no sabía que fuera él. 15 Jesús le preguntó:
–Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?
Ella, pensando que era el que cuidaba el huerto, le dijo:
–Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto, para que yo vaya a buscarlo.
16 Jesús entonces le dijo:
–¡María!
Ella se volvió y le respondió en hebreo:
–¡Rabuni! (que quiere decir “Maestro”).
17 Jesús le dijo:
–Suéltame, porque todavía no he ido a reunirme con mi Padre. Pero ve y di a mis hermanos que voy a reunirme con el que es mi Padre y vuestro Padre, mi Dios y vuestro Dios.
18 Entonces fue María Magdalena y contó a los discípulos que había visto al Señor, y también lo que él le había dicho"


DÍA 2 ABRIL  CICLO   -B

“En aquel tiempo, María se quedó en el sepulcro, fuera, llorando


Es impresionante esta frase, porque nos indica la fidelidad del amor de María Magdalena, una fidelidad que revela el grado de agradecimiento al bien recibido de Jesús.

El amor humano no muere nunca ni pasa; es imagen del Amor eterno vivido en el tiempo, a ejemplo del Amor con que nos ha amado Jesús.


“Mientras lloraba, se inclinó para mirar dentro del sepulcro


Hay que situarse en su tiempo.

El sepulcro estaba abierto. Es lógico el temor y el temblor, desde el amor, inclinándose para mirar qué hay dentro.

El amor sueña con el amado, aunque esté muerto.

El llanto de María tiene un sentido muy profundo, conformado con saber dónde está el amado, llora porque se lo han llevado y, de manera personal dice, no sé dónde lo han puesto.

Se gira y ve a Jesús, pero no lo reconoce.

Jesús resucitado se manifiesta y es reconocido por los que Él quiere pero, además, la experiencia del amor perdido deja el alma humana tan aturdida en un estado de “muero porque no muero”, que no ve lo que sus ojos miran, porque su espíritu vive más con el amado muerto que con su propia vida.


“Si te lo has llevado tú, pensando que era el hortelano,

dime dónde lo has dejado, y me lo llevaré


Sólo cuando el amor es la verdad de la vida, llevarse el muerto es tener vivo al amado. Entendemos que el amor, aun dejando el alma muerta por la muerte del amado, vive resucitado el espíritu.

Jesús le dice: ¡María!

Jesús, que es quien nos ha puesto el nombre, por él nos conoce y nos llama.

Al asombro de verle resucitado le sigue el de escuchar su propio nombre pronunciado por Jesús.

Lógico es que, más que abrazo, María se le echara encima como quien ve el Amor a su alcance contemplado, como jamás lo podía pensar.

Dos palabras importantes dichas por Jesús:

“Corre”

Quien ha vivido esta experiencia es un testigo que entiende esta palabra.

“Déjame”

Porque no es tiempo de vivir reteniendo el Amor para sí.

Ver a Jesús resucitado es tenerlo para siempre; no hace falta abrazarlo, sino correr para decir:


“También yo he resucitado; y el llanto que era de dolor es ahora de alegría, porque sé que está para siempre en mí, conmigo”


¡María, testigo de la Resurrección!

Ni sabios ni entendidos, sólo lo son los que aman y creen.

María se fue “al encuentro de los discípulos y anunciarlo”.              


F. Allara 


SANTO DEL DÍA

S. FRANCISCO DE PAOLA, EREMITA, 

FUNDADOR DE LA ORDEN DE LOS MÍNIMOS




MARÍA MAGDALENA

¡La piedra está corrida! y el sepulcro vacío...








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