VALORAR EL PRESENTE
Meditación-Oración PALABRA DE DIOS
5 minutos en nuestro "día a día"
Mateo 18, 10.12-14
Parábola del pastor que encuentra a su oveja (Lc 15.3-7) 10 “No despreciéis a ninguno de estos pequeños. Pues os digo que sus ángeles en el cielo contemplan siempre el rostro de mi Padre celestial. |
12 “¿Qué os parece? Si un hombre tiene cien ovejas y se le extravía una de ellas, ¿no dejará las otras noventa y nueve en el monte e irá a buscar la extraviada? 13 Y si logra encontrarla, os aseguro que se alegrará más por esa oveja que por las noventa y nueve que no se extraviaron. 14 Del mismo modo, vuestro Padre que está en el cielo no quiere que se pierda ninguno de estos pequeños. |
DÍA 11 AGOSTO CICLO A
“Suponed que un hombre
tiene cien ovejas…”
La parábola nos plantea para meditar:
1.
Valorar
nuestra vida, que vale más que cien ovejas.
2.
Ver la diferencia de nuestra vida comparada
con millones de seres humanos, que se conformarían con tener una oveja.
3.
Apreciar los talentos que hemos recibido
gratuitamente.
4. ¡Cuántos
de estos talentos no son apreciados, ni cultivados y cuántos perdidos!.
5.
Valorar
el presente.
- El
presente es la única riqueza que poseemos en esta vida
y, como el tiempo es una sucesión de presente, ni el presente es
nuestro.
- Cuando
vivimos “un presente”
decimos que pasamos “un momento
feliz o de sufrimiento”, cuando cada
“presente” es “nada” medido en tiempo.
- “Presente” es la suma de “momentos de felicidad y sufrimiento” traducido en tiempos.
- Ser conscientes de lo que significa cada
“presente en la vida humana” es saber darle su valor, porque ningún “presente” vuelve a nuestras manos.
· La humildad nace de forma natural al
ver que
no somos dueños de nada.
- Cada
ser humano tiene su “propia singularidad”, por lo que “es diferente cada presente” al ser asumido, y vivido, de
diferente manera por cada uno.
- La respuesta a cada “presente” revela
la
realidad del ser humano, que no puede seleccionar los presentes, porque
la vida no es una elección, sino la consecuencia de las opciones o negaciones a cada uno
de los presentes.
- Somos la realidad que nos han hecho las respuestas a los “sucesivos presentes de nuestras vidas”.
- No es fácil
aceptar cada presente si llega sin ser esperado y perturba la paz; pensemos
en los que viven su vida permanentemente perturbada y sin paz.
“Si una se la pierde…deja las noventa y nueve
y va tras la perdida”
· La medida en que se valora la propia vida es
la medida que se usa para no
perderla; y para empezar a valorarla hay que reconocer
que no venimos al mundo por nosotros mismos.
·
La vida tiene un precio humano y, desde la
fe, un precio divino.
- El precio humano es que una madre ha tenido que sufrir para
vernos en sus brazos.
- El precio divino es que el Dios, que nos ha creado con su PALABRA
es el Dios que la ha enviado para que todos podamos renacer por su Sangre.
·
Nuestra vida tiene el precio de la Sangre del
Hijo de Dios.
- La
oveja perdida podemos buscarla, pero hay momentos de la vida,
que incluyen personas y hechos de suma trascendencia, que no los podemos buscar; como os decía ayer hay
pérdidas sin retorno; ocurre
cuando
en la vida existe confusión de valores y de principios, y
cuando “tener” es preferente a “ser”;
“tener” abarca lo físico y lo
espiritual. El “yo” es físico y
espiritual.
Valorado y vivido el tiempo de la vida, cuando llega el atardecer, hay paz y felicidad; cuando no ha sido así,
la añoranza no devuelve el tiempo perdido.
- Cuando somos jóvenes, a todos no ha pasado, pensamos que siempre hay
tiempo cuando “un presente” lo
cambia todo para bien o para mal.
“No es voluntad de vuestro Padre
que se pierda ni uno de estos pequeños”
Federico Allara
SANTORAL DEL DÍA

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