jueves, 27 de agosto de 2026

“LLEGA EL ESPOSO, SALID A SU ENCUENTRO”

 Meditación-Oración PALABRA DE DIOS

Fray Federico O.F.M 

PALABRA DE DIOS

5 minutos en nuestro "día a día"

Mateo 25,1-13

Parábola de las diez muchachas
25
1 “El reino de los cielos podrá entonces compararse a diez muchachas que, en una boda, tomaron sus lámparas de aceite y salieron a recibir al novio. 2 Cinco de ellas eran descuidadas y cinco previsoras. 3 Las descuidadas llevaron sus lámparas, pero no tomaron aceite de repuesto; 4 en cambio, las previsoras llevaron frascos de aceite además de las lámparas. 5 Como el novio tardaba en llegar, les entró sueño a todas y se durmieron. 6 Cerca de medianoche se oyó gritar: ‘¡Ya viene el novio! ¡Salid a recibirle!’ 7 Entonces todas las muchachas se levantaron y comenzaron a preparar sus lámparas, 8 y las descuidadas dijeron a las previsoras: ‘Dadnos un poco de vuestro aceite, porque nuestras lámparas van a apagarse.’ 9 Pero las muchachas previsoras contestaron: ‘No, porque entonces no alcanzará para nosotras ni para vosotras. Más vale que vayáis a donde lo venden y compréis para vosotras mismas.’ 10 Pero mientras las cinco muchachas iban a comprar el aceite, llegó el novio; y las que habían sido previsoras entraron con él a la fiesta de la boda, y se cerró la puerta. 11 Llegaron después las otras muchachas, diciendo: ‘¡Señor, señor, ábrenos!’ 12 Pero él les contestó: ‘Os aseguro que no sé quiénes sois.’
13 “Permaneced despiertos –añadió Jesús–, porque no sabéis el día ni la hora.

DÍA 28 AGOSTO CICLO A

El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron

-     La presencia de las personas que amamos, y las que, desde la fe, hemos de amar, son personas que están, pero que, un día, todos llegaremos a no estar.

·       Jesús nos propone pensar hoy la parábola de las diez vírgenes.

-       La prudencia invita a no perder el tiempo; la necedad, a dormir.

-   La presencia de los seres humanos, a nuestro lado, puede provocar una especie de somnolencia, en el sentido de no aprovechar los tiempos para vivir el regalo de la convivencia, como si las presencias fueran eternas.

·    ¿A quién esperamos cada día? ¿Cuándo se deja la somnolencia o el estar dormidos?

Nada hay que esperar cuando el prójimo está presente.

“A medianoche se oyó una voz”

-       A estas vírgenes una voz les avisó que llegaba el esposo.

· ¿Qué voz esperamos oír nosotros, a medianoche de nuestra somnolencia?

·       ¿Qué voces esperamos distinguir para despertar a la fe, o para vivir el gozo de las presencias amadas?

La parábola nos habla de prudencia y necedad, y Dios tiene en cuenta y acepta, desde nuestra condición humana, que nos quedemos dormidos.

-    Es al despertar; ocurre cuando alguien llega a nuestra vida, desde la fe y como voz de alerta. Dios sabe, cómo y de qué manera, cuando advertimos nuestra prudencia o nuestra necedad.

· Prudencia es la virtud fruto de contemplar la realidad en su presente y de meditarla.

-       Es la virtud con capacidad de esperar, de callar, de comprender

·  Necedad es la sinrazón de pensar que siempre “hay tiempo”, con capacidad de improvisar, cuando el vacío no puede llenar ninguna vasija, ni la “nada humana” puede crear de repente la “luz, el amor, la verdad”.

-  La necedad, ante la premura de un momento, exigente, pide caridad.

Las necias dijeron a la prudentes:

“Dadnos de vuestro aceite, que se nos apagan las lámparas.

-     ¡Cuántas veces la necedad exige caridad cuando llegan momentos en que le falla el tener y el poder!

No confundamos lo que nos dice esta parábola; hemos de sacar de cada una de ellas lo que nos quiere enseñar; no nos quedemos con lo impropio de cada parábola, con interrogantes indebidos ante la enseñanza de cada una.

-       Las prudentes, en este caso, no faltaron a la caridad.

-       Sepamos discernir lo que nos puede pasar, desde la necedad de no buscar “con tiempo” el sentido integral de la vida, incluido el más allá.

·   Las bodas del amor hay que celebrarlas en el aquí de la vida, porque el más allá del tiempo, es vivir la plenitud de lo que se ha vivido en verdad ahora.

-  Quien piensa que Dios premia o castiga en lo eterno, no lo ha conocido.

-   A todos nos ha de llegar el momento en que se nos cierra la puerta.

-       ¡Cada uno pensemos, antes de llegar a este punto final, nuestra prudencia  o necedad!

-       Es, desde el aquí de la vida, como se llega ante Dios.

- ¡Dichoso quien vela con lámpara encendida, con fe, en Dios misericordioso!

    Federico  Allara

SANTORAL DEL DÍA

s. Agustín, obispo de Hipona 

y doctor de la Iglesia


EL QUE MUERE POR MI






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