“VOSOTROS SOIS LA SAL
Y LA LUZ DE LA TIERRA”
Meditación-Oración de la PALABRA DE DIOS
PALABRA DE DIOS
5 minutos en nuestro "día a día
Mateo 5,13-16Sal y luz del mundo 13 “Vosotros sois la sal de este mundo. Pero si la sal deja de ser salada, ¿cómo seguirá salando? Ya no sirve para nada, así que se la arroja a la calle y la gente la pisotea. 14 “Vosotros sois la luz de este mundo. Una ciudad situada en lo alto de un monte no puede ocultarse; 15 y una lámpara no se enciende para taparla con alguna vasija, sino que se la pone en alto para que alumbre a todos los que están en la casa. 16 Del mismo modo, procurad que vuestra luz brille delante de la gente, para que, viendo el bien que hacéis, alaben todos a vuestro Padre que está en el cielo. |
DÍA 8 FEBRERO CICLO A
· Jesús dice a sus discípulos:
“Vosotros
sois la sal de la tierra. Vosotros sois la luz del mundo”
-
Jesús, con estas palabras, nos
comprometía a todos los bautizados.
-
Jesús se dirige a los Doce que llama y hace apóstoles-discípulos y al gentío que le seguía.
El saber y el amor de Dios hacen posible que
Jesús nos dirija estas palabras con el “signo” de
“querer ver a quiénes iban dirigidas”:
-
No a los poderosos y sabios de este mundo.
- Sí a los llamados, que sabemos quiénes
eran y a todos sus discípulos, mayormente pobres y abandonados. (I Cor.
4,10-17).
·
Ser conocedores, creyentes y seguidores de
Cristo es reconocer que donde no hay humildad, bondad, comprensión,
misericordia, perdón… no hay “seguidores ni testigos” de
Cristo.
- Ser cristiano es imitarle en sus actitudes humanas, cada uno a su posible medida; creer en Dios es seguir la Vida
de Cristo.
- Un seguimiento de fe que no sea humanamente
evangélico se convierte en ideología o, en creencia subjetiva donde “la sal se convierte en sosa, y no sirve más que para
tirarla fuera y que la pisotee la gente. (Mt 5,13ss)
- Testigo de Jesús es quien vive imitándole
desde su conocimiento y fe del Evangelio; no lo es quien piensa que se halla “en lo
alto del monte”, lugar que siempre es signo de Presencia de Dios,
porque no es “un lugar ocupado” el
que hace testigos, sino sólo la vida aprendida y coherente con la Vida de
Jesús.
· Pablo, perseguidor de los cristianos, llamado a
ser Apóstol de los gentiles, convertido por el encuentro real con
Cristo, se sabe anunciador del
Misterio de Dios, pero no lo hace desde su saber como rabino, que
era mucho, sino “sin preciarse de saber cosa alguna, sino a Jesucristo, y
este crucificado”
- Pablo, orgulloso de su saber y de su fe en Dios, antes de convertirse, una vez ha conocido a Cristo
resucitado, “se presenta débil y
temblando de miedo; y su predicación no fue con persuasiva sabiduría humana,
sino en la manifestación y el poder del Espíritu”
(1Cor.2,1-5)
No nos consideremos sabios por lo que podamos
conocer de Dios pues, si “alguien
sabe algo de Dios es por Dios”, nunca por nuestro saber y, menos por el simple hecho de ocupar un lugar
de preferencia dentro de la Iglesia.
“Nuestra fe no se apoya
en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios”
·
Este domingo Jesús nos muestra lo que
exige el seguimiento de Cristo y la fe en Dios para ser sal y luz en el mundo.
-
No son nuestras obras las que nos hacen testigos, sino las que Dios quiere que se hagan en su Nombre.
“Parte tu pan con el hambriento, hospeda a los pobres sin techo,
cubre al que vea desnudo, y no te desprendas de los tuyos” (Is 58,7-10)
-
Pidamos a Dios que “queramos hacer lo
que nos pide” desde la fe en Él, para que los que buscan “puedan apreciar
el gusto de la vida de los testigos y les sea luz en el camino”.
Si estás bautizado no exijas a otros lo que
tú también debes y, si no lo estás no juzgues ni generalices, porque tienes testigos
verdaderos “como sal y luz”
en medio del mundo.
“Cuando alejes de ti la opresión, el dedo acusador y la calumnia,
cuando sacies al alma afligida, brillará tu luz en las tinieblas”
¡Con
qué claridad ha hablado Dios en todos los tiempos y últimamente en su HIJO!
Es
a nosotros a quienes nos queda “ser sal y luz”.
Dios
ya lo ha sido y lo es, para los humildes sabios que lo quieran reconocer.
Federico
Allara
LA FUENTE

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