sábado, 17 de enero de 2026

"YO LE HE VISTO Y SOY TESTIGO 

QUE ES EL HIJO DE DIOS"

 Meditación-Oración de la PALABRA DE DIOS

Fray Federico Allara O.F.M

PALABRA DE DIOS

5 minutos en nuestro "día a día"

Jesús, el Cordero de Dios
29 Al día siguiente, Juan vio a Jesús que se acercaba a él, y dijo: “¡Mirad, ese es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo! 30 A él me refería yo cuando dije: ‘Después de mí viene uno que es más importante que yo, porque existía antes que yo. 31 Yo mismo no sabía quién era él, pero he venido bautizando con agua precisamente para que el pueblo de Israel le conozca.”
32 Juan también declaró: “He visto al Espíritu Santo bajar del cielo como una paloma, y reposar sobre él. 33 Yo aún no sabía quién era él, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: ‘Aquel sobre quien veas que el Espíritu baja y reposa, es el que bautiza con Espíritu Santo.’ 34 Yo ya le he visto, y soy testigo de que es el Hijo de Dios.”

DOMINGO II TIEMPO ORDINARIO 

CICLO A

Isaías 49,3.5-6

Es un texto para agradecer a Dios el misterio abierto a nuestra vida, por ser llamados a pasar de la existencia a una misión, cuando nos reconocemos ser amados por Él.

Isaías da un paso enorme en este texto:

“Es poco que seas mi siervo para restablecer las tribus de Jacob Te hago Luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra”

-        Dar siempre gracias a Dios por el don gratuito de la fe, porque depende de nuestra libertad dar respuesta a la iniciativa de Dios.

·       Por la fe sabemos que todos estamos llamados a una misión en la vida desde el seno materno; toda vida humana es vocacional, nos libera de discernir nuestra razón de ser.

·       Jesús fue confirmado en su misión en el Jordán; nosotros hemos de discernir lo que Dios quiere de cada uno desde el bautismo, que nos incorporó a ser en Cristo y a reconocernos miembros de la Comunidad eclesial, con derechos y responsabilidades.

-        Cristo asumió nuestra Naturaleza humana, por esto, un creyente sabe cuál es su vocación: seguir sus huellas, viendo con sentido la realidad de la vida, desde la Iglesia.

¿Tenemos claro qué es vivir la vocación de bautizados?

-        El primer discernimiento es desear saber lo que somos para Dios desde el bautismo.

-        Puede ser una falta de sensatez humana buscar por fuera lo que somos desde dentro.

1 Corintios 1,1-3

“Pablo, llamado a ser apóstol de Jesucristo, por voluntad de Dios”

¡Qué sencillo es todo desde la fe!

No pensemos que es propio de la razón enredarnos en pensamientos con ínfulas de discernir, porque Dios nos da la inteligencia para hacerlo desde la Luz que ha supuesto su Encarnación y su paso por nuestra historia.

Tenemos claro que la realidad de Dios con nosotros no es un mito, ni una fantasía imaginada necesaria de dioses, y menos una ideología, sino un hecho histórico que sensatamente no  podemos negar.

-        Los testigos de la Vida, Muerte y Resurrección de Jesús han sido personas concretas y reales en la Historia. Por lo que la Verdad de Dios no es el recuerdo sentimental de testigos añorados, sino una realidad histórica que debemos tener clara los creyentes.

-        Pablo es un ejemplo; no sólo era enemigo de Cristo, sino perseguidor de los cristianos.

-        Una vez encontrado por Cristo conoce el porqué y el para qué de su vida, y la vive de tal manera, para Dios en Cristo, que llega a poder decir que su vida es Cristo.

-        Desde su testimonio de hombre pecador convertido entendemos que nos diga:

“Que los santificados por Cristo estamos llamados a ser santos”

No magnifiquemos la palabra. Ser santos es seguir libremente a Cristo.

-        La Gracia actúa sobre la condición humana imperfecta, y santidad es asemejarse a Jesús en amor, en capacidad de perdonar y en plena confianza ante la gratuidad exigente de la Salvación.

Juan 1,29-34

Este hecho está narrado de diferente manera en Mateo y en Lucas.

Juan resalta la figura del Bautista como testigo, que recibe, “de quien lo ha enviado”, la revelación sobre quién era Jesús:

“Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”

Estamos acostumbrados a repetir frases que son de gran trascendencia desde la fe.

-        Jesús fue el Cordero que enmudeció aceptando la condena siendo inocente.

-        Dios, Trinidad de Personas en comunión de Amor, era quien sufría el sacrificio del Hijo.

-        El Hijo no fue enviado para salvar sólo al Pueblo elegido, sino a toda la Humanidad.

-        Ser el Cordero que “quita el pecado del mundo” fue un hecho real, puntual e histórico. No significa que debemos recibir pasivamente el hecho.

-        Es verdad que Cristo nos ha ganado a todos para Dios y es  necesario que lo aceptemos libremente nosotros, creamos en Él y seamos consecuentes en gratitud y testimonio.

Dios ofrece y da a todos gratuitamente; como todo regalo debería ser aceptarlo.

-        Con nuestra libre actitud respondemos sí o no a Dios.    

-        Dos veces dice Juan “Yo no lo conocía”, cuando sabemos del encuentro de María con Isabel; esto nos permite ver que una cosa es conocer a Jesús como pariente, y otra reconocer quién es dentro de la Historia de la Salvación.

Este hecho nos advierte no sólo con relación a Dios, sino entre nosotros; no es lo mismo vernos como seres humanos, a percibir quienes somos desde la fe.

-        Juan no conocía a Jesús como Mesías; nadie lo puede reconocer sin aceptar el Don de Dios; el texto de Juan Evangelista nos presenta el porqué Juan Bautista es testigo para poder decir, que Jesús es el enviado del Padre. Juan fue testigo de “ver al Espíritu Santo”, en forma de paloma, bajar sobre Jesús.

“Aquel sobre quien veas bajar el Espíritu Y yo lo he visto, y he dado testimonio de que este es el Hijo de Dios”

-        ¡Bueno sería, para nuestra convivencia humana, “saber ver”  que somos hijos de Dios, cada uno desde su estado de vida!

-        No es lo mismo “vernos solo humanos”, en casa, en la vida profesional, en vida religiosa, a “reconocernos desde lo que somos cada uno por ser hijos de Dios, en y por Cristo”.

-        No es lo mismo verse en casa como hombre y mujer, a experimentar ser esposos desde la fe; no es lo mismo trabajar juntos, que trabajar como hermanos; no es lo mismo vernos juntos viviendo la opción de vida religiosa, a mirarnos y sentirnos hermanos como consagrados.

·       La vida espiritual se fundamenta en algo muy sencillo:

-        Saber que nos conocemos por revelación, es decir, por lo que el otro es según Dios.

-        No aceptar esto puede complicar la convivencia y el mismo concepto de vida espiritual en nuestras relaciones humanas.

¡Cuánta posible complicación de vida y de vida espiritual nos creamos al querer resolverlo todo desde nuestra autonomía, que no es tal por depender de la referencia que confundimos con lo que creemos que es nuestro libre discernimiento!         

 Federico Allara

 


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