“ANDA, TU HIJO VIVE”
Meditación-Oración de la PALABRA DE DIOS
PALABRA DE DIOS
5 minutos en nuestro "día a día"
(Clic en los textos para leer)
Juan 4, 43-54
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DÍA 31 MARZO CICLO -C
Jesús
vuelve a la tierra donde creció, a Galilea, y Juan repite lo que dijo cuando no
fue creído por sus convecinos: “Un profeta
no es estimado en su propia tierra”.
No
somos profetas pero, quienes
convivimos por alguna afinidad de la vida deberíamos tener muy en cuanta lo
de amarnos; cuando hay amor hay credibilidad y, esta credibilidad y estima deberían ser el punto de reflexión
para escucharnos; en otro texto comenté lo que supone “saber y querer escucharnos” para no
quedar situados en las propias creencias.
Jesús
fue bien recibido porque habían visto todo lo que había hecho en
Jerusalén.
Os
he comento más de una vez que, leer
el Evangelio es tener a Jesús
resucitado presente en lo que nos dice o hace en el hoy de nuestra
propia vida.
· Esta es la primera condición de fe, o
de falta de fe con los Evangelios, para
saber qué hacemos con ellos; no es sólo leer o no leer, sino tomar conciencia de nuestra actitud
frente a Jesús ante el libro que nos lo presenta vivo.
“Había un funcionario real que
tenía un hijo enfermo en
Cafarnaún”
Tenía
miedo de que su hijo muriera y acude a Jesús. ¡Vivamos el hecho!.
· En
primer lugar, no sólo debe preocuparnos la
enfermedad física propia o ajena de un ser querido, sino también las enfermedades del espíritu; en el
sentido de estar muertos o debilitados en la fe verdadera.
¡Cuántas
personas han recuperado la fe o la han encontrado en
la aceptación de una realidad adversa a la propia vida! ¡Cuántos ante la adversidad se alejan del encuentro con
Jesús!
María
vivía
su vida de entrega a Dios felizmente hasta que la visitó el Ángel para llamarla
a su vocación singularísima; a partir de entonces se complicó su vida; siguió viviendo con la misma paz o
más y, con la espada de dolor que no
la dejaría hasta ver a su hijo, el Hijo de Dios, clavado en la Cruz y con
la firme esperanza en Dios Padre. María
lo vio morir y lo esperó resucitado.
La
realidad de Jesús es histórica; lo que hay de fe la
trasciende; nosotros nos apoyamos en la realidad, que es el hoy de tu
vida y la mía.
La
fe del funcionario
le permitió escuchar de labios de Jesús:
“Anda, tu hijo vive”
¡Cuántos padres desean escuchar lo mismo
desde hogares donde la preocupación por la salud física y espiritual es
deficiente o peligrosa!
El texto dice que creyó él y toda su familia.
La fe no es acción de gracias. Este hombre y su familia tenían
fe cuando se atrevieron a ir en busca de Jesús.
No esperemos ver más signos para creer
en Jesús, Dios y Hombre verdadero
Si
acudimos al crucificado hagamoslo con
fe,
es decir, creyendo en Él y en su Amor, que le llevó a la
condena por ser Dios.
¡Vivamos
del Evangelio!
F.
Allara
SANTORAL DEL DÍA
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