"CREO, SEÑOR, Y SE PUSO DE RODILLAS
DELANTE DE ÉL"
Meditación-Oración de la PALABRA DE DIOS
PALABRA DE DIOS
5 minutos en nuestro "día a día"
Jesús da la vista a un ciego de nacimiento 9 1 Yendo de camino vio Jesús a un hombre que había nacido ciego. |
6 Dicho esto, Jesús escupió en el suelo, hizo con la saliva un poco de lodo y untó con él los ojos del ciego. 7 Luego le dijo: –Ve a lavarte al estanque de Siloé (que significa: “Enviado”). El ciego fue y se lavó, y al regresar ya veía. 8 Los vecinos y los que otras veces le habían visto pedir limosna se preguntaban: –¿No es este el que se sentaba a pedir limosna? 9 Unos decían: –Sí, es él. Y otros: –No, no es él, aunque se le parece. Pero él decía: –Sí, soy yo. |
Los fariseos interrogan al ciego sanado por Jesús 13-14 El día en que Jesús hizo lodo y dio la vista al ciego, era sábado. Por eso llevaron ante los fariseos al que había sido ciego, 15 y ellos le preguntaron cómo era que podía ver. Les contestó: –Me puso lodo sobre los ojos, me lavé y ahora veo. 16 Algunos fariseos dijeron: –El que hizo eso no puede ser de Dios, porque no respeta el sábado. Pero otros decían: –¿Cómo puede alguien, siendo pecador, hacer esas señales milagrosas? De manera que estaban divididos. 17 Volvieron a preguntar al que había sido ciego: –Puesto que te ha dado la vista, ¿qué dices tú de ese hombre? –Yo digo que es un profeta –contestó. |
34 Le dijeron entonces: –Tú, que naciste lleno de pecado, ¿quieres darnos lecciones a nosotros? Y lo expulsaron de la sinagoga. Los que son espiritualmente ciegos 35 Jesús se enteró de que habían expulsado de la sinagoga a aquel ciego. Cuando se encontró con él le preguntó: –¿Tú crees en el Hijo del hombre? 36 Él le dijo: –Señor, dime quién es, para que crea en él. 37 Le contestó Jesús: –Ya le has visto. Soy yo, con quien estás hablando. 38 El hombre le respondió: –Creo, Señor –y se puso de rodillas delante de él. |
IV DOMINGO DE CUARESMA
CICLO A
Sam. 16,1.6-7.10-13
La
lectura del primer libro de Samuel nos permite revivir la elección de David.
Vemos
como la mirada de Dios, como la elección, que hace de sus elegidos no es como
nuestra manera de mirar y de seleccionar, empezando
por nosotros mismos.
-
Pensamos
que nuestras cualidades valen ante Dios y, a veces, creemos que
valen también ante los demás, cuando
para Dios vale “el porqué nos ha creado”.
-
Cuanto
más entendemos el Amor de Dios, mejor sabemos que el camino de la humildad es el que lleva a aprender de Dios para
servir al prójimo según su voluntad.
“Te envío a casa de Jesé,
el de Belén, porque he visto en sus hijos un rey para mí”
- Es importante que diga “el de Belén”, porque
un descendiente del que ahora elige
nacerá en Belén de Judá, cumpliendo la Escritura.
También
los Profetas eran seres humanos y podían equivocarse en su manera de mirar
y, no sólo esto, vemos que un Profeta no
es el que lleva la iniciativa, sino Dios.
Cuando Samuel llegó a casa de Jesé vio a
Eliab y se dijo: “Seguro que está su ungido ante el Señor”
Enseñanzas del texto:
ü No
fijarnos en apariencias. La realidad del mundo es
una apariencia.
ü El
hombre mira a los ojos, el Señor mira el corazón. Los ojos no ven el corazón.
-
Seleccionar a las personas sólo desde la
mirada de los ojos puede llevar a errores, por la posibilidad de fijarnos en
apariencias y no en la grandeza de corazón.
Con la unción de David queda descartado el ungido
Saúl. A partir de entonces se iniciará el odio de Saúl a David, pero éste
es protegido por Dios para demostrarnos que es Dios, y no los mismos ungidos,
los que llevan a su fin la obra de Salvación.
- David
pudo entender que Dios era su Pastor y que nada le faltaba. (Ps. 22,1-6)
Efesios 5,8-14
Pensamos que somos luz por ver con nuestros
ojos y razonar con la mente, pero
para saber de Dios hay que reconocer que somos tiniebla, desde el
mundo donde estamos, es decir, no
tenemos capacidad para distinguir “las apariencias de verdad”, de la VERDAD.
“Las obras de las tinieblas son estériles”
- Cuando nuestro decir y hacer se apoyan
sólo en nuestra autonomía no pueden ser palabras ni hechos de luz.
Convertirnos es creer en la Palabra que nos
dice:
“Despierta tú que
duermes, levántate de entre los “muertos” y Cristo te iluminará”
Juan 9,1.6-9.13-17.34-38
·
Jesús ve a un hombre ciego de nacimiento; también le ven sus discípulos,
que le preguntan, antes de que Jesús
realizara el milagro de dar la vista al ciego de nacimiento:
“¿Quién ha pecado?”
- El mal se relacionaba con el pecado, y
así es, porque el mal del mundo es consecuencia del desamor, de la injusticia,
del poder, del odio…, a
lo que llamamos pecado.
Si la palabra no gusta hoy, incluso a muchos
creyentes, mantengamos el nombre de la causa de los males del mundo.
-
¡Cuánto se ha escrito sobre el mal!, y se escribirá.
-
Sólo Jesús, que ha venido a liberarnos
de tantos errores sobre los que pretendemos crear justicia y verdad, ha cargado sobre sí mismo, no el mal del mundo, sino
el pecado de todos los seres humanos, que lo hemos causado y lo causamos
permanentemente.
Por esto Jesús responde: “Ni éste ha pecado ni sus padres”
-
El mal
causado por los culpables recae en sufrimientos de muchos inocentes, que
no son olvidados por Dios, sino por los que lo ha creado sobre ellos, que
somos todos.
·
Jesús, esta vez, para realizar el milagro, “escupe en tierra, y con el barro untó
los ojos del ciego” haciendo dos cosas, que no se podían hacer en sábado según la Ley.
·
El ciego va a lavarse a la piscina de
Siloé, que significa enviado, como lo es Jesús, y recobra la vista.
-
Los primeros que se sorprenden son los vecinos y los que le conocían pidiendo limosna; luego serán los fariseos y su largo diálogo
con el ciego y con sus padres.
Todo bajo la Ley, sin valorar que un hombre recobrara la vista, y no queriendo reconocer que un “pecador”, sencillamente un
hombre, no puede devolver la vista a un ciego de nacimiento, con barro y
con agua.
- La contradicción de los escribas y fariseos es que aceptan las obras que Dios hizo por
mediación de Moisés y se niegan a
aceptar las obras de Jesús, que ven con sus propios ojos y que no
pueden negarlas.
La enseñanza para nosotros es reconocer
los pasos que se dan en el ciego de nacimiento:
- No veía, estaba ciego. Signo de nuestra realidad sin el don de la
fe.
- Obedece a Jesús, después de dejarse poner barro en los ojos.
-
El signo de lo que somos, barro, es el medio que usa Jesús para dar luz.
-
Las aguas de la piscina son signo del
bautismo, por el que nosotros recibimos la luz de la fe que hemos de aceptar,
conocer, creer y crecer.
-
El ciego pasa de “no ver” a ver, con los ojos, hasta llegar a la Luz de la fe.
Diálogo
de Jesús con el ciego, que nosotros hemos de hacer nuestro.
-
“Quién es, Señor, ¿el
Hijo del hombre para que crea?”
-
“Lo estás “viendo”. Nos lo dice Jesús hoy a todos.
-
Creo, Señor, y se postró ante Él.
Federico Allara
SANTORAL DEL DÍA
ERES LA LUZ

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