“VAMOS A LA OTRA ORILLA”
Meditación-Oración de la PALABRA DE DIOS
5 minutos en nuestro "día a día
Marcos 4,35-41
La tempestad apaciguada 35 Al anochecer de aquel mismo día, Jesús dijo a sus discípulos: –Pasemos a la otra orilla del lago. 36 Entonces despidieron a la gente y llevaron a Jesús en la misma barca en que se encontraba. Otras barcas le acompañaban. 37 De pronto se desató una tormenta; y el viento era tan fuerte, que las olas, cayendo sobre la barca, comenzaron a llenarla de agua. 38 Pero Jesús se había dormido en la parte de popa, apoyado sobre una almohada. Le despertaron y le dijeron: –¡Maestro!, ¿no te importa que nos estemos hundiendo? 39 Jesús se levantó, dio una orden al viento y le dijo al mar: –¡Silencio! ¡Cállate! El viento se detuvo y todo quedó completamente en calma. 40 Después dijo Jesús a sus discípulos: –¿Por qué tanto miedo? ¿Todavía no tenéis fe? 41 Y ellos, muy asustados, se preguntaban unos a otros: –¿Quién es este, que hasta el viento y el mar le obedecen? |
DÍA 31 ENERO CICLO A
¿Hacia
dónde caminamos y nos dirigimos los seres humanos?
“Aquel día, al atardecer,
les dijo Jesús a sus discípulos: “Vamos a la otra orilla”
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Era a la otra orilla del Mar de Galilea o del
Lago de Genesaret.
¡Cuántas veces vamos a la otra orilla desde
donde estamos!, pero hay otra orilla a
la que nos dirigimos todos; otra orilla que se puede acercar a la
que estamos repentina o pausadamente; la
otra orilla nos espera.
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Jesús
invitó a ir a la otra orilla dejando a la gente.
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Una
cosa es “amar y saber estar”, y otra “quedar retenido”.
La
cualidad del amor es que el amado lo reciba, y en esto queda
compensado el amor.
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Jesús
daba todo su amor y luego dejaba a la gente.
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Quien
recibe la verdad del amor no queda vacío por la ausencia del amado.
“Se lo llevaron en barca”
·
Desde la fe sabemos que en la barca de la
vida, personal y comunitaria, siempre
nos acompaña Jesús.
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A la otra orilla, terminado el tiempo, se llega por lo que llamamos muerte.
Dada la trascendencia para el ser humano, se
la piensa como que “tiene ser”; sin embargo la muerte sólo es “signo de que no hay vida en el cuerpo”.
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Es lo que percibimos todos; pero no es para todos cierto que no haya
vida.
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Para los que creemos en Cristo vemos que el cuerpo
está sin vida, pero la vida, que
recibimos en el instante de ser concebidos por los padres, “la hemos recibido de Dios” y, “lo que de Dios sale a Dios vuelve”.
Mientras vivimos, Jesús va en la barca
dormido; que puede ser muy bien “signo de nuestra
dormición”, “porque el Guardián nunca
duerme” (Ps. 121,3-4), no en sentido poético y
mítico, sino que Dios nunca duerme.
“Se levantó una gran tempestad…, hasta casi llenar la barca de agua”
-
Las tempestades llegan; lo importante es ver como salimos de
ellas; sin embargo, llega un día en que el agua llena la barca y se
hunde.
“Maestro, ¿no te importa
que perezcamos?
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Hasta los discípulos, ante la tempestad y el
riesgo de morir, le preguntan “a Dios” si no le importa que todo
termine con la muerte.
Abramos nuestra mente y nuestro corazón a la realidad de la vida, que no es
hablar del miedo a morir, ni de la indiferencia ante la muerte, ni pensar
sólo en cómo ha sido o es la vida, porque si no ¿qué sentido tiene la vida sin Dios?
Si tenemos fe, creemos
que Cristo es quien ha Resucitado; con la advertencia de que, el Dios Revelado, que es Vida, es el único vencedor de la muerte.
“Jesús se puso en pie…: “¡Silencio, enmudece!” dijo al viento y al mar, y a nosotros ante la indiferencia que tenemos respecto a Dios y a los
creyentes.
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“¿Por qué tenéis miedo?
¿Aún no tenéis fe?”
Miremos bien la barca de nuestra vida.
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Si va Cristo, despertemos; si no va,
es que lo hemos echado nosotros de la barca.
Federico Allara
SANTORAL DEL DÍA
